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Los Mortales

QUE SE ABURRAN
LOS MORTALES

 

Los narradores y comentaristas de fútbol gozan de un particular privilegio: invitar a la audiencia a que los deje de oír, si se trata de una emisora radial, o que dejen de ver el partido, en el caso de que se trate de una transmisión televisiva.


Es frecuente—más en lo tiempos de fútbol rácano y mezquino que reinan, incluso, en equipos donde "el poderío" está en la parte delantera— escuchar a los citados periodistas decir que el partido es malo, soso, lento, enredado, falto de ritmo, sin ocasiones de gol, sin sorpresa, insípido y aburrido. Sin embargo, el público continúa ahí. Nadie cambia de frecuencia ni de canal. Aunque el juego sea tedioso, aunque no rematen a puerta en los noventa minutos, aunque el empate les sirva a los dos equipos, la gente no se va. Por el contrario, asiente ante las afirmaciones del mal juego, si es que no lo ha hecho antes que los comentaristas, momento en el cual saca pecho frente a sus amigos o familiares con un altisonante "se los dije". 


Hay quienes, gracias al poder que ostentan—que no es el de tener el control remoto del televisor o ser el dueño del radio—, pueden rebelarse contra la soporífera dosis balompédica. Las federaciones de fútbol de todo el mundo, aupadas por la FIFA, han proclamado su independencia del gobierno de cada uno de sus países. Hasta hace poco, cuando, como es habitual, Estados Unidos se puso al frente de la situación, la impunidad reinaba por los pasillos de la FIFA amparados en su autonomía con respecto a las instituciones gubernamentales. No obstante, como dirían los padres de familia ante las sublevaciones de la infancia y la adolescencia, donde manda capitán, o en este caso general, no manda marinero. 


Para el militar golpista Mohamed Ould Abdel Aziz, quien participó en el golpe de estado en Mauritania en el 2005, y ahora ejerce como presidente democrático de esta nación africana(?), el fútbol está lejos de ser una cuestión relevante. Ni siquiera, como diría Jorge Valdano o Arrigo Sachi (según el meme), representa "lo más importante de los menos importante". Ya imagina uno su reacción cuando le dijeron que debía presidir, desde un palco con no pocas comodidades, la atractiva e imperdible final de la Supercopa de su país entre el mítico FC Tevragh Zeine y el no menos popular ACS Kar. Para un hombre como él, acostumbrado a la acción y, sobre todo, a la intervención, el juego cansino de los dos citados equipos de renombre internacional le debió parecer un sufrimiento insoportable. Habrá pensado, momentos antes de tomar la decisión, a eso del minuto 60, que una hora de fútbol era más que suficiente. Acusando aburrimiento, al no tener a quien derrocar de ningún cargo, ordenó suspender el partido, obviar el resto del segundo tiempo y definir por penaltis la Supercopa.

 
 

 

Su decisión, ¿quién es el valiente que la pone en duda?, fue transmitida al árbitro del compromiso y acatada sin atisbo alguno de desacato. Ante el asombro del público, que no por ello en contra del dictamen presidencial, el FC Tevragh Zeine se alzó con el título en disputa entre los vigentes campeones de la Liga y Copa de Mauritania. No se descarta que para la próxima edición de la Supercopa, si es que la hay, el resultado sea determinado por un cara y sello que hará el propio Abdel Aziz. 

 

Juan Pablo Pablo.