elpiscinazo.jpg
Reina.jpg
SeleccionesBanner.jpg
Escupideras.jpg
LibretasGol1.jpg
TecnicosBanner1800.jpg
2Artboard 1 copy 2@300x-100.jpg
Banner.jpg
bannerColombia.jpg
lostapabocas.jpg
Griezmann-05.jpg
Sorpasso-03.jpg
TarimaPueblo-07.jpg
SiempreYo.jpg
Polo-001.jpg
Balón-03.jpg
Profesores-03.jpg
Ahorrar-05p.JPG
Gigantes.jpg
Euro2016Piscinazo.jpg
CopaAmericaPiscinazo.jpg
ElHacedor.jpg
SagradaTactica.jpg
Yoknapatawpha-09.jpg
Rácano-06.jpg
Panenka.jpg
DeVuelta-02.jpg
LosMortales-01.jpg
DonAndres.jpg
Deriva.jpg
AlFondoDeLaRed.jpg
UnoParaTodos-01.png
Cristiano-01.png
arda.png
Viajes_de_colon.jpg
elDunga-01.png
Billete-03.jpg
elpiscinazo.jpg

Piscinazo


SCROLL DOWN

Piscinazo


Reina.jpg

Onceno Vocacional


ONCENO VOCACIONAL

Onceno Vocacional


ONCENO VOCACIONAL

 

Miente el niño que niegue haber soñado con ser futbolista. Miente y lo sabe, que diría el meme de Julio Iglesias. Aunque pronto haya renegado de sus compañeros y haya jurado un odio eterno al deporte que practica la mayoría de colegiales, en algún momento de su vida quiso hacer parte de ese grupo desordenado que corre horas y horas tras un objeto redondo (¡ojo, no necesariamente un balón!).


Sin embargo, queda claro —basta mirar alrededor— que no todos llegamos a cumplir ese sueño. Son muy pocos, poquísimos, los que tienen el privilegio de saltar a un terreno de juego donde serán aplaudidos o repudiados, no por un grupo de padres exaltados, sino por miles de personas.

 

Los que nos llegamos debemos convertirnos, por mandato social, en algo más que simples ociosos. Cuando termina el colegio, cuando se acaba el último recreo y con él el último partido vespertino con sacos que semejan palos, campos con disposiciones que desafían la geometrías euclidiana y formaciones que sobrepasan los once jugadores por equipo, debemos enfrentarnos al mundo adulto. Empiezan las decisiones trascendentales: ¿a qué dedicarse profesionalmente en la vida?

 

Enumerar las posibilidades sería un ejercicio infinito, razón por la cual desde el Piscinazo queremos hacer mención a aquellos futbolistas que, además de jugar cada fin de semana —si ya tuvieron la mala fortuna de ser eliminados de la Copa y de la Champions—, con sus apodos y motes “vocacionales”, rinden homenaje a los millones de personas que día a día, tras terminar su trabajo, vuelven a soñar con la alegría del un gol en el último minuto del recreo antes de la clase de matemáticas.

 

Portero: Pepe REINA

Defensas: Diego EL FARAÓN Godín

                  Franz KAISER Beckenbauer

                  Diego EL MARISCAL Milito

Volantes: Pablo EL PAYASO Aimar

                  Juan Sebastián LA BRUJITA Verón

                  Juan Carlos EL MAGO Valerón

                 Esteban EL PIRATA Granero

                 O REI Pelé

Delanteros: Julio Ricardo EL JARDINERO Cruz

                     Luis EL PISTOLERO Suárez

 
11JardineroS.jpg
 

Juan Pablo Pablo.

 
SeleccionesBanner.jpg

En Mi Barrio No Hay Ídolos


EN MI BARRIO
NO HAY ÍDOLOS

En Mi Barrio No Hay Ídolos


EN MI BARRIO
NO HAY ÍDOLOS

 

Para llenar el álbum del Mundial de Francia 98 tuve que aprender a montar en bicicleta. Ese fue el compromiso con mis papás. Con siete años y un hermano menor que ya iba de un lado para otro sin las ruedas laterales, mi mamá se vio en la obligación de condicionar mi afición al fútbol a que montara bicicleta todas las mañanas.


Tenía que aprender "porque uno nunca sabe", así como después tuve que aprender a clavarme en una piscina, bailar, esquiar o montar a caballo ante la amenaza materna de limitar mis horas de ocio futbolístico.

 

Como decía, no tuve otra alternativa más que aceptar la propuesta de mi mamá: mañana de bicicleta y noche de álbum con las monas que mi papá me llevaría después de salir del trabajo, comprar la lotería y pasar por la cigarrería más cercana a la casa. Desafiar mis limitaciones naturales con la motricidad fina y gruesa era la única manera de acercarme cada noche a la página de mis ídolos, la página donde estaban las imágenes de los jugadores de la selección de Brasil: Cafú, Roberto Carlos, Romario, Bebeto Rivaldo y el espacio aún vacío de Ronaldo.

 

No importaba que unas hojas más adelante, en el grupo G, vecinos de Inglaterra, Rumania y Túnez, estuvieran las fotos del Pibe, Freddy Rincón o el Tino. Sí, eran nuestros jugadores, ídolos nacionales y los últimos representantes de una generación irrepetible; pero eran, al fin y al cabo, para nuestro pesar, integrantes de una selección que no estaba en condiciones de ser campeona del mundo.

 

Para colmo, ya a los siete años el discurso dominante de la victoria como única aspiración en el fútbol —y en la vida— obliga a los niños a buscar la apuesta más segura para sentirse ganador, sentirse mejor que sus amigos y destacar de alguna manera. Con el fútbol no importa si el logro es propio o ajeno, lo importante es poder asumirlo y sentirse orgulloso por las elecciones que tomamos.

 

 
 

Ante ese panorama, nos encontramos ante el nacimiento del espíritu golondrina de una generación que pronto tendría al alcance las herramientas tecnológicas para acercar a sus ídolos extranjeros. Ese nacimiento fue Francia 98. Tuvimos que elegir otra selección que apoyar. Argentina, Brasil, Italia o Inglaterra. Ni España, ni Francia habían ganado mundiales y nadie creía que lo harían. La situación no permitía muchas posibilidades: O heredar el legado del fútbol espectáculo de Brasil o la historia reciente de la Argentina de Maradona o el lejano fútbol europeo. Con ellos se sufría de verdad, como solo sabe sufrir y disfrutar un niño, porque podían ser campeones y podían darnos una alegría tan grande como ver que el bolsillo de la camisa de tu papá está lleno de sobres de monas y, a lo mejor, esta vez sí, sale Ronaldo.

 

Juan Pablo Pablo.

Historia en colaboración con FANVOX

 
 
PiscinazoFanvox.png
 
 
Escupideras.jpg

Escupideras


ESCUPIDERAS EN
LOS QUIRÓFANOS

Escupideras


ESCUPIDERAS EN
LOS QUIRÓFANOS

 

Juegos interminables, tensión a ambos lados de la cancha, la pelota de aquí para allá sin irse del espacio delimitado ni tropezar con la red, carreras infernales a los costados, golpes inverosímiles, derroche de fuerza, resistencia y precisión. Luego de un peloteo de más de veinte golpes, los dos tenistas están exhaustos; pero ninguno de ellos piensa siquiera en la posibilidad de escupir para desahogarse.


Toman una toalla y se limpian el sudor. Y de nuevo a la acción. No se imagina uno a Federer escupiendo en el (sagrado) césped del All England Lawn Tennis and Croquet Club tras mirar sarcástico a la cámara y poner los brazos en jarra. Tampoco escupe Carolina Marín, cuando juega sus finales de bádminton; ni Lebron James o Steven Curry cuando se pelean, por enésima vez, el anillo de campeonato; ni Paquito Navarro en los torneos de pádel. Salvo en boxeo, que es inevitable no segregar líquidos por todas partes, y antaño en beisbol, cuando se mascaba, muy machotes ellos, tabaco para pasar el sopor de tres horas de poca acción, escupir no es ni natural ni necesario.

 

Escupen los pájaros, los zorros y las serpientes, por ejemplo, para buscar comida, en defensa propia, demostrar hostilidad o exponer su disgusto. Quizá sea por estas dos últimas razones, y no porque Jesús lo haya hecho para curar a un ciego, que es común ver cómo los futbolistas replicar un documental animal en el terreno de juego. Los escupitajos empiezan, sin más, con el pitazo inicial. En ese momento no hay ni acumulación de saliva, ni incomodidad ni nada: solo el deseo de empezar a abonar el terreno, cuidar del césped con las babas propias, nada como lo hecho por gente de la tierra. Escupe el portero, el defensa, los volantes, los delanteros, el entrenador, el recogepelotas, el aficionado. Incluso, cuando van a comerciales, debe escupir el narrador. Hay quienes en casa, para sentirse más a gusto, han recuperado la decimonónica costumbre de tener a mano una escupidera. Ya en 1853 no era del gusto del muy refinado Manuel Carreño, pero todo sea por sentirse en el estadio.

 

El que esgarra no lo hace más que por un acto de liberación. Cabe preguntarse de liberación de qué, exceptuando el espumarejo que tenía entre dientes segundos antes. Quien sale en defensa de esta costumbre futbolera arguye que hacerlo es liberador, rebaja el estrés y la presión del partido. En definitiva, que se deberían poner recipientes —o no, que escupan directamente al piso y así ayudamos a limpiarlo de paso— en los quirófanos, los despachos y los talleres de siderurgia. Allí sí que hay angustia y rigidez. “Doctor, escupa a un lado, por favor, que se va infectar el paciente si usted continúa esputando encima de la herida”.

 

 
 

Ni el doctor, ni el abogado, ni el mecánico, si estuvieran acostumbrados a ello y además las cámaras los enfocaran y sus pacientes y clientes replicaran el comportamiento, dejarían de hacerlo. Tras la reconvención de la enfermera y un par de días, otro pobre diablo, inconsciente por la anestesia, tendría, entre los puntos de la sutura, el recuerdo del material expectorado por su médico de confianza. Un autógrafo. Más o menos lo de Cristiano Ronaldo en el Mundial del 2010, tras la eliminación de Portugal: lo único que quería era — bienaventurados nosotros quienes recibimos tu agua bendita — dejarle un recuerdo al planeta.

 

Juan Pablo Pablo.

 
LibretasGol1.jpg

Libretas


LIBRETAS SIN CAMAREROS

Libretas


LIBRETAS SIN CAMAREROS

 

Nada de nuevas tecnologías, nada de esperar a las repeticiones o a las palabras de sus ayudantes,  de los comentaristas de televisión o aficionados. Ellos ven los quieren ver, así como dicen lo que les conviene decir —no importa la verdad, que para eso están otras profesiones—, razón por la cual se ciñen a sus apuntes. Y están en su derecho…y su deber.


Son ellos los capitanes de los barcos (errantes; en algunas ocasiones), los líderes espirituales (con el perdón de Paulo Coehlo), los generales (en retirada; dependiendo de la ocasión) o la cara visible (aunque hay algunas que preferiríamos no ver) del equipo, según considere el redactor de turno, tan temeroso de decir repetir la expresión directores técnicos y tan amigo del diccionario de sinónimos y antónimos.

 

Como deben seguir su propio criterio, y no dejarse llevar por la marabunta de comentarios, cada vez más y más presentes en tiempos de redes sociales e interacción continua, su mejor aliado es de otro tiempo, de otra época y un material en desuso. Su mejor amigo es el papel en forma de libreta. Su refugio, su confidente, su diario de repetidos errores, su testamento de una herencia sin descendientes. Entre sus manos yace el testimonio de un partido que no ha visto nadie, de una realidad que se escapa a los ojos de millones de personas. Labra con un bolígrafo el destino de un equipo por el que miles de aficionados habrán de reír o llorar, dependiendo de lo acertadas de sus notas. De su buena caligrafía, más que del acierto de sus opiniones, pende la alegría o la tristeza que se habrá de ceñir sobre los bares, salas de estar y gradas de estadios.

 

 
 

Ahora es cuando importa quién fue su maestra de escuela, ahora es que se necesitan los consejos para tomar buenos apuntes, ahora es que vale la pena consignar únicamente lo necesario. Tan solo ahora es que se entiende el porqué era tan relevante escribir para entenderse luego. En el colegio se podían pedir los cuadernos ajenos, en caso de quedarse dormido, no entrar a clase por seguir jugando fútbol o haber faltado ese día por una fiebre impostada. Pero ahora no, ahora es necesario tener una letra legible, no desperdiciar páginas en palabras innecesarias, no perder el tiempo en comentarios vacuos. Vale la pena hincar la rodilla, apoyarse en ella, perder la mirada en el horizonte, recordar la eternidad que ha pasado entre la última jugada y el tiempo presente, agachar la cabeza, mascullar unas palabras y escribir, escribir y tachar todo lo necesario y solo lo necesario, como un buen camarero.

 

Juan Pablo Pablo.

 
TecnicosBanner1800.jpg

Bielsa Envigado


BIELSA NO VA A DIRIGIR AL ENVIGADO

Bielsa Envigado


BIELSA NO VA A DIRIGIR AL ENVIGADO

 

Lo más probable es que Néstor “el Matemático” Otero nunca sea portada de As o de Marca, que el estilo de juego de Fernando “el Pecoso” Castro jamás sea referencia para los entrenadores europeos que sueñan con sentarse en los banquillos del Camp Nou u Old Trafford...


...que sean pocos — no me atrevo a decir ninguno porque locos e insensatos hay en todas partes — los que se autodenominen herederos de la escuela de Eduardo Pimentel o de Luis Augusto “el Chiqui” García, y  que sean aún menos quienes salgan en defensa de Julio Avelino Comesaña o de Miguel Ángel “el Zurdo” López (¿alguien más ha dirigido al Junior alguna vez?).

 

Que son los mismos de siempre en el fútbol colombiano no hay quién pueda negarlo, pues hasta el incombustible Pacho Maturana ha decido regresar y J.J Peláez ha dejado plantados a los Javieres en Caracol Televisión para dirigir, por enésima vez, a uno de los dos equipos de Medellín (¿importa cuál después de tanto ir y volver?). Y, sin embargo, con esos mismos de siempre, con los Umaña, los Bernal, los Peluffo (que tarde o temprano regresará), los Quintabani, los De la Pava, no existe la misma atracción, la misma simpatía, encanto y fascinación que despiertan los técnicos extranjeros.

 

No hay quien se declare ferviente seguidor de Jorge Luis Pinto, pese a todo lo logrado con y sin cámaras hiperbáricas, pero sí hay quienes no dudan un instante en considerarse “cholistas” o “sampaolistas”. Sin saber si quiera qué significa ser adepto a la causa del entrenador del Atlético de Madrid o la selección argentina, los partidarios juran fidelidad a unos esquemas que no entiende, a una metodología que desconocen y unas personas de la que ignoran prácticamente todo. Como la garra (sic), los huevos (sic) y el aguante (sic eterno) salen en HD, con canchas en perfecto estado, tribunas europeas y encarnados en la actitud de figuras de renombre entonces es digna la admiración y el respeto hacia los hacedores, hacia los hombres detrás de las líneas de cal.

 

Antes fue el Bielsa del Athletic de Bilbao, porque el de la selección argentina pilló a los hinchas golondrina jugando en la primaria; el fugaz Ranieri del Leicester, del que nadie recuerda sus grandes campañas con el Valencia y sus fracasos en la Atlético de Madrid o la selección griega; o el saltarín y carismático Jürgen Klopp que llenó la portada de todos los diarios vistiendo sus sudaderas y gritando a rabiar cada gol de su Borussia Dortmund.

 

 
 

Y están, por supuesto, los que no pasan de moda. Los Bolillo, los Maturana y los Rueda de Europa: Mourinho y Guardiola. No pasan de moda después de una década, que en estos tiempos es como decir un siglo. Se ganaron su fama y la simpatía de sus fanaticadas, así como el odio de sus detractores, con la inteligencia, la estrategia y, claro, el micrófono. Con los mejores jugadores a sus órdenes supieron mostrarse como los mejores. La mujer del César no solo debes serlo, sino parecerlo. Van de un lado para otro, de España a Alemania, de España a Inglaterra y mañana quién sabe adónde. Venden y venden. Titulares y titulares. Elegancia, desparpajo, planificación, arrogancia, millones de euros. Todo lo que encandila, todo lo que falta en un partido entre Alianza Petrolera y Tigres F.C.

 

Juan Pablo Pablo.

Historia en colaboración con FANVOX

 
 
PiscinazoFanvox.png
 
 
2Artboard 1 copy 2@300x-100.jpg

No Nos Escuchan


NO NOS ESCUCHAN

No Nos Escuchan


NO NOS ESCUCHAN

 

“Movete, Argentina, movete. Movete, dejá de joder. Que si ganamo el domingo… somos campeones otra vez”.


Una, dos y tres veces se repite el coro. Una y otra vez las palmas abiertas se abaten contra las mesas, las cabeceras y los cristales del autobús. No paran de cantar. Improvisan. Cambian las letras de las canciones. No miran a la cámara. Son ellos para ellos mismos. Son su propia motivación. El mundo está afuera y deberá esperar. Los 22 jugadores de la selección Argentina acaban de ganar la semifinal del Mundial de México 1986 contra Bélgica y van en el autobús de regreso al hotel de concentración. Solo queda un partido. Solo queda el mañana. Uno de los grandes retos de Carlos Salvador Bilardo ya está cumplido: jugar los siete partidos; ser los primeros en llegar y los últimos en irse. Ahora solo basta regresar a Ezeiza con el oro colgando del cuello.

 

Veinte años después la motivación previa a los partidos mundialistas, los cánticos, la integración grupal, la compenetración del plantel y la cohesión entres los jugadores va de cara a la galería. El Mundial de Alemania 2006 recibe a una selección brasileña repleta de figuras —Ronaldo, Ronaldinho, Robinho, Adriano, Kaká— que promete brindar espectáculo y recuperar la estela del mítico jogo bonito. Nos sumergimos dentro del autobús de la pentacampeona para ver cómo disfrutan y se distienden a ritmo de samba. Es una campaña de la marca deportiva que los patrocina, pero el mensaje es claro: se divierten dentro y fuera del terreno de juego. Lo que el espectador ve no es mentira: en Alemania está garantizado el folclor brasilero, su alegría, desparpajo y fútbol espectáculo. El resultado es otro, pero no importa: el equipo estuvo y sigue unido, así sea con las panderetas destempladas, los tambores rotos y los sueños de un sexto título mundial en el fondo del baúl.

 
 

Pero ahora no sabemos, estamos en la época de los audífonos desproporcionados que aíslan a los jugadores. Quién sabe si persiste la unión dentro del autobús, las arengas musicales y la motivación épica a partir de los éxitos del momento. Lo que le queda al espectador, cada vez más aislado del propio juego y sus protagonistas, es la imagen de los futbolistas bajando del bus con sus audífonos gigantes, a ser posibles inalámbricos. Cada uno está sumergido en su propio mundo, son ajenos a los gritos de los aficionados y a las solicitudes de firmas y fotografías; cada cual va oyendo sus canciones favoritas, su vida, su historia. Ahora son bailarines de galería, que danzan en el vestuario para subir los videos a las redes sociales, y cantantes de ocasión al frente del volante de su propio carro. Solitarios y aclamados. Estrellas del individualismo.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Banner.jpg

Onceno Animal Resto del Mundo


ONCENO ANIMAL

RESTO DEL MUNDO

Onceno Animal Resto del Mundo


ONCENO ANIMAL

RESTO DEL MUNDO

 

En nuestro deseo por constituir ya no un zoológico– pues Pablo Escobar equiparó toda la atención en éste rubro– sino un equipo de animales (no se lea como la formación actual del América, aunque también y sin el debido respeto), cumplo con el deber brindar dos alineaciones.


Ambos combinados pretenden reconocer el desempeñó (ya no juzguemos hasta qué punto bueno o malo) de futbolistas que hemos visto jugar. Así, a continuación una selección de nacionales y otra de internacionales. Pretendo no repetir apodos y, evidentemente, mantener una línea lógica con respecto a una formación. Como se sabe, los motes para los defensas son más escasos, razón por la cual hay que recurrir a alineaciones meramente ofensivas en detrimento del arco propio.

 

Selección Resto del Mundo (3-1-3-3):

Roberto "El Pato" Abbondanzieri; Jonas "El Galgo" Gutierrez, Roberto "El Ratón" Ayala, Gary "El Pitbull" Medel; "El Puma" Emerson; Diego "El Lagarto" Costa, Ariel "El Burrito" Ortega, Lionel "La Pulga" Messi; Javier "El Conejo" Saviola, Karim "El Gato" Benzema, Jefferson "La Foquita" Farfán.

 
 

Juan Pablo Pablo.

 
bannerColombia.jpg

Onceno Animal


ONCENO ANIMAL

SELECCIÓN COLOMBIA

Onceno Animal


ONCENO ANIMAL

SELECCIÓN COLOMBIA

 

En nuestro deseo por constituir ya no un zoológico– pues Pablo Escobar equiparó toda la atención en éste rubro– sino un equipo de animales (no se lea como la formación actual del América, aunque también y sin el debido respeto), cumplo con el deber brindar dos alineaciones.


Ambos combinados pretenden reconocer el desempeñó (ya no juzguemos hasta qué punto bueno o malo) de futbolistas que hemos visto jugar. Así, a continuación una selección de nacionales y otra de internacionales. Pretendo no repetir apodos y, evidentemente, mantener una línea lógica con respecto a una formación. Como se sabe, los motes para los defensas son más escasos, razón por la cual hay que recurrir a alineaciones meramente ofensivas en detrimento del arco propio.

 

Onceno Animal Selección Colombia: (3-1-3-3):

René "El Escorpión" Higuita; Jair "El Chigüiro" Benitez, Luis "El Coroncoro" Perea, Gilberto "Alcatraz" García; Jorge "El Pelicano" Banguero; Edison "El Piojo" Acuña, Armando "La Perra" Carrillo, Oscar "La Babilla" Díaz; Jairo "El Tigre" Castillo, Martín "El Toro" Arzuaga, Jorge "El Camello" Serna.

 
 

Juan Pablo Pablo.

 
lostapabocas.jpg

Tapar La Boca


LOS TAPABOCAS

Tapar La Boca


LOS TAPABOCAS

 

Hay quienes ven en esas acciones una provocación, un llamado a la violencia en las tribunas, una incitación al odio entre las hinchadas.


Luego están quienes claman que aquello no es más que otro de los elementos folclóricos que adornan las tardes de fútbol, que se trata de una expresión natural e impulsiva que solo entienden los que alguna vez han jugado este deporte.

Pasarán los años y seguirán ahí. Equivocados están quienes creen que, con el transcurso del tiempo, con las sanciones o con las reprimendas públicas, estos compartimentos dejarán de existir. Así como el Hombre no aprende jamás, y se empeña en repetir los mismos errores históricos que comete desde el inicio de los tiempos, así seguiremos viendo cada fin de semana a personajes como Teófilo Gutierrez y Juan Carlos Henao.

Los dos fueron noticia el fin de semana; los dos salieron de la cancha, de una u otra manera, siendo el centro de atención; a ambos les gritaron hasta la afonía, aunque fuera por motivos antagónicos. Más allá de eso, a los dos los une una manera de ver el fútbol, que los ha llevado a estar más cerca que nunca: no conocen la indiferencia, se saben figuras, diferentes, polémicos.

Ninguno de los se amedrentó al entrar a la Bombonera y ninguno de los dos dudó un instante a la hora de convertirse en el antagonista de la historia xeneinze. Hace más de diez años, en la noche en que el fútbol premió al sistema defensivo más eficaz de América, Henao hizo que Bianchi y sus dirigidos vivieran una experiencia diferente al término de una final continental. El domingo 20 de noviembre de 2016 Teo se llevaba a cuestas los insultos de más de cuarenta mil personas después de trazarse una banda cruzada imaginaria un segundo después de marcar el empate.

 
 

Folclóricos o provocadores, lo que tienen claro es que quieren salir siempre en el centro de la escena, en la portada de los periódicos. A Henao le tocó de salida, pero a Teo le quedan muchas tardes de Trending Topic en Twitter.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Griezmann-05.jpg

El Atleti en la Final de la Euro


EL ATLETI
EN LA EURO

El Atleti en la Final de la Euro


EL ATLETI
EN LA EURO

 

En un partido donde de antemano se sabía a qué iban a jugar los dos equipos, más allá de su desempeño en la fase anterior, la nota de extravagancia corrió por cuenta del árbitro.


Una extravagancia que, lejos de ser una innecesaria sed de protagonismo, residió en su indumentaria. Si alemanes y franceses dejaron atrás el marketing y vistieron de la forma más tradicional posible, el árbitro italiano, para mantener vivo el legado de su país, aunque fuera recalcando la fijación por la moda, rompió los esquemas y acompaño su camiseta y pantaloneta negra de unas medias azul claras. Intrépida indumentaria que el mítico y beatificado Pierluigi Collina reprobaría dentro sus esquemas de sobriedad.

 

Por lo demás, hubo fútbol en el Velodrome de Marsella pese a que parecería que los organizadores se hubiesen empeñado en dificultar la actividad deportiva con el descuido a la hora de cuidar el terreno de juego. Aún resulta increíble que en el desarrollo de una Eurocopa en un país futbolísticamente consagrado, como es Francia, y en plena semifinal se presente una deficiencia tan flagrante como es la de no tener un campo a la altura de las circunstancias. Claro, la alta definición y los recurrentes planos generales pueden ser engañosos. Sin embargo, a poco que alguno de los jugadores caía al suelo y el plano a cambiaba podíamos ver sin engaño la deplorable condición de la grama.

 

Mientras tanto, Alemania a lo suyo, con su construcción vertical y las incisiones profundas a cargo de los volantes de primera y segunda línea. Y entre más se empeñaban los dirigidos por el  impúdico Löw en atacar y buscar un resquicio por donde llegar a la portería de Lloris mejor se defiendan los franceses, más concentrados estaban y menos ventajas otorgaban. Pasaban los minutos de acuerdo a la monotonía planteada de antemano, aun cuando hubo par de ocasiones en el primer tiempo donde se lucieron los dos porteros.

 
 

Sin grandes ocasiones de consideración y el temor reinante ante la incertidumbre que representa un marcador empatado a cero, el desarrollo del partido se inclinaba a favor de los dirigidos por Diego Simenone. Ese equipo defensivo, ordenado, entregado a una idea con la cual doblegar a quien lleva la iniciativa ofensiva, serio y seguro de tener una opción, tan solo una, con la cual romper el empate a su favor. Llegó el penalti y marcó el crack del Atlético de Madrid quien, además, redondeo su faena con la puntilla en el segundo tiempo. Porque Griezmann, para quien no se ha dado cuenta, es un hidalgo y un caballero medieval español. Entregado a sus tareas cumple y, de ser necesario, deja en la cancha cuanto haya que dejarse. Y celebra con un inconfundible "Vamoooooos". (..y el baile de Drake)

 

Juan Pablo Pablo.

 
Sorpasso-03.jpg

Sorpasso


SORPASSO

Sorpasso


SORPASSO

 

Nadie duda de la evidencia; los hechos son incontrovertibles, y solo los necios, los tontos, y los que no quieren ver se niegan a aceptar la realidad.


Las encuestas son la voz del pueblo, el clamor popular y, juicios de valor a parte, la opinión establecida de la sociedad. Ese pulso callejero refleja lo que piensa y siente la gente más allá de lo que quieran o puedan transmitir los analistas de traje y corbata. Ocurre, pues, que ante los números no queda más que rendirse, sacar conclusiones y analizar, aún cuando haya que tomar los datos con pinzas por el temor a equivocarse.

 

Hace 48 horas nadie dudaba de la remontada de Unidos Podemos, de cara a las elecciones generales en España, así como no había quien pusiera en tela de juicio la sensación general de un triunfo del equipo dirigido por Vicente Del Bosque sobre la Italia del expresivo y vigoroso Conte, en octavos de final de la Eurocopa.

 

Y, sin embargo, si los números de las encuestas y la noción popular reflejan el sentir común, el verdadero "sorpasso", del que tanto se hablaba en la previa de la contienda electoral, se dio en el estadio de la capital francesa. Dos sorpresas: una política y una deportiva. Dos tragos amargos para quienes se fiaban del antes de las certezas que, ya se habrán dado cuenta, creen brindar las especulaciones.

 

Pifia de España y de La Roja

 

Así, en política nada de cambio y continuidad en el Gobierno. Y en fútbol, en la verdadera preocupación de los españoles, la sorpresa, el desconcierto y lo inesperado: el dominio, el control y la superioridad irrefutable de una Italia que salió a jugar con hambre, deseo, calidad y un orden propios de soldados romanos conscientes de dejarse la vida en cada movimiento. 

 

De catenaccio, el pasado; de cerrojo y 17 jugadores defendiendo, la anécdota; de "patabrava", el mito. Nada de eso. Lo único que se vio en París fue una selección convencida de lo que hacía y con la intención de dejarse cada gota de sudor en la cancha. Pasaron como Islandia, poniendo los puntos sobre las íes, esas íes con las que empieza el nombre de su sueño.

 

Juan Pablo Pablo.

 
TarimaPueblo-07.jpg

Refranero Alemán


REFRANERO ALEMÁN

Refranero Alemán


REFRANERO ALEMÁN

 

Dentro del sin fin de ejercicios infantiles que se repiten con los años, más allá de las susodichas innovaciones pedagógicas, la tarea de componer un refranero popular se mantiene vigente.


En el afán por hacer que los hombres y mujeres del mañana hereden y difundan el legado lingüístico de sus antepasados, los colegios promueven que los ahora niños se empeñen en investigar, y entender que es lo más difícil, los dichos, frases y refranes de sus abuelos. 

 

En su momento, dado a la tarea, quien escribe estas letras — que no se sabe si es Juan Pablo Pablo, Juan Pablo, Juan, Pablo o Pablo Pablo — tuvo que hacer el mentado refranero. Dejando de lado las frases que por entones, y aún ahora, causaban sonrojo, bien por lo inentendibles o lo dadas a ser malinterpretadas, hubo una frase que causó sensación en el año en que tuvo que presentarse el refranero del autor: Vístete despacio que vas de prisa.

 

Nadie, con los escasos diez años que teníamos para entonces, entendía bien cómo se podía desafiar las reglas del tiempo y la eficiencia actuando con lentitud en la medida en que se tenía apuro. Un oximorón en toda regla, aunque en aquellos días no supiéramos, ya no que significaba esta figura literario, sino que existía. En definitiva, como se ha dicho, el refrán provocó el desconcierto común y las burlas generalizadas: que de dónde se sacaba una estupidez de ese calibre, que quién le había dicho tal tontería o de cómo había sido capaz de presentar tal oración inventada sin llegar a ruborizarse. 

 

La saben mover

 

Como el tiempo es sabio, las explicaciones, aunque tarde, llegaron con el partido de Alemania contra Eslovaquia. Rozando el tedio e invitando al sueño vespertino, dirían los mismos que argüían que el Barcelona de Guardiola era aburrido. Sin el vértigo y la verticalidad alemana de toda la vida, clamarán otros. Sin lucir ni dar espectáculo, criticarán los de más allá. Sin embargo, ahí están los hechos, incontrovertibles e innegables: la actual campeona del mundo mandó en todo el partido, creó un sinnúmero de ocasiones de gol, goleó a Eslovaquia, tuvo la posición y el control durante los 90 minutos y ya está en cuartos de final.

 

Si no les gusta, si no entienden lo que es vestirse despacio porque tienen prisa de ser campeones, entonces ustedes siguen en primaria y desconocen, ya no solo el placer, sino el efecto y es resultado positivo de la paciencia, la calma, el análisis y el control.

 

Juan Pablo Pablo.

 
SiempreYo.jpg

La Felicidad No Especula


LA FELICIDAD
NO ESPECULA

La Felicidad No Especula


LA FELICIDAD
NO ESPECULA

 

Hay una frase de hermanos que nunca falta en el momento de recibir el regaño materno: Siempre yo, dice el aludido.


El otro, cabizbajo, esconde en su silencio e indiferencia la tranquilidad de no ser sujeto de una reprimenda directa. Su hermano, masculla entre dientes la susodicha frase: siempre yo, siempre yo. En esa hermandad que puede constituir una selección nacional de fútbol es de imaginar que, al llegar al vestuario, Cristiano Ronaldo pensara e incluso dijera, sin atisbo de pena, siempre yo, siempre yo. Una merecida mención a su persona luego de tener que hacer de un juego colectivo un lucimiento individual.

 

En el empate a tres, que más que un partido reñido y parejo fue una oda a los errores y la carencia de tranquilidad, tuvo que erigirse la figura de uno de los llamados a lucir siempre, para evitar que el equipo favorito del grupo se quedara en primera ronda. El papelón estaba a servir de boca, en tres oportunidades se sintieron los once, los once millones de portugueses, fuera de la Eurocopa. Y a cada momento de incertidumbre y temeridad apareció el mediático (por aquello de lanzar micrófonos al agua) crack de Madeira. Primero asistiendo, porque nadie le llevaba el balón, y luego dando una lección de cómo definir con clase a la carrera y la manera en que se debe cabecear una pelota en el área. 

 
 

Y Portugal entró tercero, con tres punto en tres partidos que, en la siempre desatinada previa, se preveían fáciles, muy fáciles, casi de trámite. Y como la suerte no le falta a quien la necesita quedó por el que se ha denominado el lado asequible del cuadro de eliminación. Los grandes favoritos, los que han quedado campeones del mundo alguna vez (Alemania, Francia, España, Italia e Inglaterra) van juntos por un lado, entre ellos se eliminarán. Por el otro, orondo y sin querer queriendo, o sí, irá Portugal.

 

Todo porque, además, Islandia, la representante de trescientas mil personas, no piensa en mañanas, no especula y no juega con los números. Va a lo suyo, a jugar, a divertirse, a vivir la experiencia que puede ser única. Como no juegan, cual jugadores de póquer, con el qué pasará, disfrutan al entrar en la cancha. Y si ahora les toca lo más complicado no tienen miedo. Miedo a la oscuridad, tampoco; al frío, ni se diga; y a la soledad glacial, mucho menos. Miedo, saben ellos, solo se le tiene al Coco.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Polo-001.jpg

La Finca De Los Croatas


LA FINCA
DE LOS CROATAS

La Finca De Los Croatas


LA FINCA
DE LOS CROATAS

 

Hombre flojo no goza mujer bonita, dice uno de los tantos dichos que surgieron al amparo de las cervezas heladas y las linternas de gasoil, a principios del siglo pasado, en las fincas colombinas de tierra caliente.


En una época machista por excelencia, la fortaleza física era una muestra innegociable de virilidad y, en esa línea, incitar a la demostración de masculinidad era otra de las tretas entre amigos.

 

Como si en lugar del Adriático hubiesen crecido a la sombra de los mangos costeños, los jugadores croatas cedieron ante la tentación de dejarse retar por el enemigo, de salir, a su manera, a pelear la sagrada posición de privilegio en el grupo que les permitiría, más que menos, un camino menos tortuoso a partir de octavos de final. Aunque en la previa se hablara únicamente del empate o la victoria de España, los croatas con paciencia, disciplina y control de las emociones propias, no solo supieron ganar, sino que lo hicieron remontando en el minuto 87, el mismo minuto en el que Piqué hizo el gol del triunfo en el primer partido de La Roja.

 

Y ahora las dudas en España, las preguntas y los cuestionamientos. Se acabaron los halagos y las alabanzas al equipo que parecía mejor que el ganador de las dos anteriores Eurocopas y el Mundial del 2010. Ahora vienen los reproches y los hipotéticos sobre cómo hubiese discurrido el juego de haber hecho rotaciones o de no haber dejado espacios atrás para buscar un inútil triunfo, que lo mismo daba el empate.

 
 

Y por el contrario, los croatas, que reservaron a Modric y a su delantero estrella, van ahora por el lado asequible del cuadro de eliminación directa. Van tranquilos, con nadadito de perro, como se diría en las mismas fincas de tierra caliente cuando uno de los sobrinos es incapaz de dar un par de brazadas y prefiere chapucear con la cabeza por fuera. Igualmente, no habría de qué preocuparse si los croatas se sienten aludidos por el refrán popular y tratan de nadar con un estilo olímpico que desconocen. No hay de qué preocuparse porque, llegado el caso, ya hemos visto que tienen gorros de waterpolo para protegerse y sortear la tempestad.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Balón-03.jpg

Balón


UN BALÓN

Balón


UN BALÓN

 

Hay pocas situaciones que causen más miedo en la infancia que la de quedarse sin juguetes.


Para un niño sus juguetes lo son todo. Más allá de sus padres, a los que ama sin saberlo conscientemente, un niño siente devoción por sus juguetes. No importa si son muchos o pocos, de buena o mala calidad, nuevos o heredados de sus primos mayores. Para un niño sus juguetes representan su realidad, la puerta a un mundo de escenarios infinitos. Son, en definitiva, el alimento de su inagotable imaginación.

 

Con el paso de los años, el reconocimiento, también inconsciente, de la naturaleza social del hombre lleva a los niños a integrarse a una realidad común. Un mundo compartido: la amistad con sus iguales. A partir de entonces, el entretenimiento, las distracciones, los problemas, las risas y el llanto tienen una razón de ser humana. Los juguetes no han quedado del todo apartados pero ahora sirven de instrumento para prolongar o alimentar esos vínculos de naciente amistad. 

 

Es entonces cuando entre un sin fin de objetos aparece por primera e inolvidable vez el balón. En cuanto entra en escena no se volverá a ir. Llega para quedarse, para cautivar la atención, para robarse los sueños y para alimentar las ilusiones. No se concibe el colegio sin los descansos para jugar fútbol. Si, por algún extraño fenómeno, un niño se levanta con ganas de "ir a estudiar" es porque ese día tiene partido contra el otro curso o porque tiene clase de educación física que, cómo no, es sinónimo de fútbol y más fútbol.

 

Ocurre, pues, que la única preocupación radica en el balón: quién lo va a traer, con cuál vamos a jugar, si está bien de aire, si "quema" al pegar en la espalda. Todo gira alrededor del balón, incluso la propia pelota. Por eso el dolor, el vacío y el desconcierto cuando un profesor decomisa el sagrado objeto por estar utilizando fuera de las horas de recreo, o cuando al encargado de llevarlo al colegio se le olvida meterlo en la mochila. Pero lo peor, la pesadilla que provoca sudores y escalofríos es que el balón se pinche, se desinfle y quede inutilizable. Ese terror juvenil fue el que sufrieron todos los adultos, en un déjà vu insufrible, cuando vieron como se rompía el cuero del balón en el partido entre Francia y Suiza. En pleno 2016, cuando los avances tecnológicos nos acercan a los humanoides y los objetos reducen su fallo casi a cero, se revienta una pelota en plena Eurocopa.

 
 

Pero nada, ellos, los inmortales, como si tal cosa. No tuvieron problema en usar otro balón "perfecto" para continuar con el juego, sin saber que más de uno en su casa sufría al recordar aquellas aciagas mañanas en que tocaba quedarse a la sombra sin hacer nada porque la pelota había ido a parar a la valla y ahora colgaba, desecha y rota, del alambrado.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Profesores-03.jpg

Iniesta y Busquets: Profesores de Periodismo


PROFESORES DE PERIODISMO

Iniesta y Busquets: Profesores de Periodismo


PROFESORES DE PERIODISMO

 

Con la cabeza no solo se piensa.
Salvo casos de uso inusitado, como puede ser dar un cabezazo en el pecho de un rival (sin que nadie se sienta aludido), a parte de emplearse para darle vueltas a las ideas, estúpidas o no, que puedan surgir a cada momento, la cabeza sirve para ganar.


Así, a secas, para ganar, para lograr la victoria, para empezar la avalancha de abrazos, para desbordar los besos, para que la alegría reine, para que se apague la preocupación.

 

Es, sin entrar en los elogios redundantes que por estos días se hacen de su juego, no sin toda la razón, lo que hace la selecciona española de fútbol. Más allá de la fidelidad irrestricta que mantienen con su idea de juego, impermeable al cambio de jugadores y al paso de los años, la solución para abrir sus dos primeros partidos de la Eurocopa ha pasado por el lugar donde otros tantos albergan telarañas, teorías, recuerdos o simplemente materia gris.

 

Primero fue Piqué, siguiendo la costumbre del torneo de marcar a última hora, y ahora le correspondió el turno a Álvaro Morata. Claro, eso es lo que dejan las imágenes, lo que podrán ver quienes, en el futuro, se pregunten por los partidos de la Roja de Del Bosque en el campeonato continental de 2016.

 

Sin embargo, lo que no sabrán ellos, así como tampoco lo logramos dilucidar quienes podemos ver esa selección en tiempo real, es cómo funciona y qué es, porque sin duda es algo diferente a lo del resto de mortales, lo que llevaban por dentro las cabezas de Sergio Busquets y Andrés Iniesta. Sí, son parte del todo que conforma una selección nacional que no deja de causar admiración más allá de sus triunfos, empates o derrotas. Sí, son un colectivo y las individualidades brillan gracias a que todo el equipo funciona correctamente. Y sí, no se trata de nombres propios frente al grupo. 

 
 

Aun así las dudas asaltan a todo el mundo futbolístico. Ya lo decía Ángel Cappa, que algo, solo algo, sabe de fútbol: Iniesta es admirable no solo por su destreza deportiva sino porque entiende de qué se trata el juego y, pese a que a veces, muy pocas, no salgan las cosas, al saberse conocedor del porqué de las cosas, las probabilidades están de su lado. Como del mismo lado está esa mente brillante, con espíritu de fonambulista, que camina por el abismo de lo inexplicable y que se llama Sergio Busquets. Omnipresente y conocedor de cuándo, dónde y cómo hacer las cosas dentro de la cancha.

 

En definitiva, una pareja de futbolistas que bien podrían dictar clase en una facultad de periodismo, pues nadie como ellos para explicar el fundamento del oficio de la prensa:
qué, cómo, cuándo, dónde y por qué.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Ahorrar-05p.JPG

Ahorrar Para Perder


AHORRAR PARA PERDER

Ahorrar Para Perder


AHORRAR PARA PERDER

 

¿Es usted de los que al ver que el estadio está abarrotado decide salirse cinco minutos antes del final del partido para llegar antes que los demás hinchas al parqueadero?


¿Acaso hace parte usted de esas personas que no soporta rozar su humanidad con la de sus congéneres cuando tratan de llegar a la salida más cercana? ¿Detesta no poder moverse en una escalera y tener que usar sus codos para infringir dolor ajeno en el costillar de otras personas a fin de abrirse espacio para conseguir una bocanada de aire?

 

Si responde afirmativamente a estas cuestiones, no solo lo hará sin sonrojo y con orgullo, sino que dirá en su defensa que, si en más de 85 minutos no han hecho nada, menos va a pasar en los restantes cinco minutos de juego. Aunque usted reconoce que se dan milagros en el fútbol e, incluso, es capaz de recordar gestas de último instante como la remontada de Champions del Manchester United al Bayern de Múnich, el gol de Sergio Ramos al Atlético de Madrid, la derrota del América de Cali en la Libertadores del 87 o el título de Premier del Manchester City en la última jornada contra el Queens Park Rangers, no cree ser el privilegiado de ver una resolución similar en el partido que fue a ver en vivo. 

 

Aquello no le resta pasión por el fútbol, piensa para sus adentros. ¿Quién se atreve a poner en tela de juicio su amor por este deporte tan solo porque abandona el estadio unos minutos antes para facilitares la vida y poder regresar antes a casa? Usted sigue a lo suyo: yendo a lo partidos, gritando, apoyando, sufriendo, insultando y parándose de su asiento cinco minutos antes del término reglamentario del juego.

 

Y como está convencido, sin tener que dar justificaciones racionales al respecto, de su fervor irrestricto por este deporte, decide ahorrar e ir a un torneo de selecciones. Como el mundial es muy caro y la Copa América la hacen cada vez que les da la gana, con lo que pierde mística y seriedad, opta por ver en vivo una Eurocopa. Para no dejarse todo su dinero guardado durante años elige, de una vez por todas, ir a la Eurocopa de este año, la que es Francia, la última en ser en una sola sede, de manera que le resultará un tanto más barato que la siguiente edición, cuando toque viajar por medio continente. 

 

La delgada línea entre Ahorrar y Perder

 

Vaya, vaya y disfrute a su manera. Vaya, compre cerveza, píntese la cara, póngase la camiseta que prefiera, goce con el ambiente sobrecogedor y salga cinco minutos antes para evitar contactos casi íntimos con los miles y miles de seguidores que atiborran las gradas francesas. Eso si, al otro día cuando lea los apellidos Payet, Griezmann, Berezutski, Sturridge, "Suastinga" (como usted aprendió que se pronuncia Schweinsteiger), McGinn, Piqué, Pellé y Stieber no se extrañe. No se extrañe porque son los nombres de los jugadores que, en los primeros 18 partidos de la Eurocopa, se han empeñado en amargarle la vida a persona como usted con sus goles después del minuto 85. Sí, solo 18 partidos y ya van diez goles bien en los últimos cinco minutos reglamentarios o en la prórroga.

 

Pero usted siga a lo suyo. Ahorre toda la vida para perderse lo mejor, lo mejor que siempre llega al final. 

 

Juan Pablo Pablo.

 
Gigantes.jpg

Los Gigantes Son Felices Con Poco


LOS GIGANTES SON FELICES CON POCO

Los Gigantes Son Felices Con Poco


LOS GIGANTES SON FELICES CON POCO

 

Si Kingsley Coman, con escasos 20 años, ya ha ganado dos campeonatos ligueros en Francia, uno en Italia y otro en Alemania, jugar un partido contra Albania tampoco significa para él la mayor gloria deportiva.


No está en duda la entrega y el compromiso con los que el media punta derecho afronta sus partidos con la camiseta de la selección francesa. Simplemente se trata de otro de los jugadores —ya no tan extraños en tiempos de monopolio deportivo y reinados medievales de unos pocos clubes— destinados a llenarse de medallas, a cansarse de celebrar, a jugar en la élite mundial y aspirar a títulos y más títulos cada temporada.

 

Sin embargo, por suerte para los mortales, aquellos que no viven en la dicha de la gloria deportiva infinita, aún hay resquicios de alegría propia de los Juegos Olímpicos, esa competención donde, en parte fiel a su espíritu fundacional, participar y llegar a la meta ya constituye un triunfo. Todavía hay momentos que nos recuerdan que se vive de los detalles. Cada vez son menos y, desafortunadamente, parecen condenados a verse arrasados por la ola homogeneizadora del «solo importa ser primero y ser el mejor». 

 

Como el mundo es lo suficiente amplio como para que la felicidad corra por cuenta de cada uno de sus habitantes y no solo por quienes nadan en champaña, ni la alegría ni el dolor se pueden cuantificar. No hay una misma escala, pese al empeño de hacernos creer, al igual que con el tiempo, que todo debe verse igual en el mundo. Por eso, sirvan estas líneas ya no solo para mencionar el anecdótico dato de haberse convertido en el deportista más viejo en jugar una Eurocopa, sino para destacar la felicidad personal, la que viene en pequeñas dosis, la que no sale en las revistas del corazón y de la que no habla medio mundo por un mero interés chismográfico. 

 

Sea este un recuerdo, pues está lejos de ser el homenaje deseado, a vivir según lo que se quiere, lo que se ama y lo que se piensa. ¿Extravagancias? ¿Cortes de pelo marcándose un número o un mapa en las sienes? ¿Tatuajes en el cuello? ¿Celebraciones individuales y rebuscadas? ¿Indumentaria ajustada para presumir de gimnasio? Nada de eso. Fiel a su idea, seguro de su manera de ver la vida, leal a quien es, guerrero que muere con la botas puestas, Gábor Király, el portero cuarentón de Hungría, nos devuelve la fe en la Humanidad. 

 
 

Imposible imaginarse un mejor debut en la Eurocopa para Gábor: triunfo contra Austria, en el que es el clásico de selecciones más jugado después de Inglaterra-Escocia; liderato de grupo, cuando les consideraba el equipo más débil al inicio del torneo; demostración de flexibilidad, pese a que su físico invita a pensar lo contrario; y una sudadera gris manchada de pasto y llena de gloria. En definitiva, una felicidad tan inmensamente pequeña que Coman no la conocerá jamás.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Euro2016Piscinazo.jpg

Euro2016


EUROCOPA
2016

Euro2016


EUROCOPA
2016

 

Plan para descargar y doblar para la EURO 2016.


 
 

¡Abrazo de gol!

Juan Pablo Pablo.

 
CopaAmericaPiscinazo.jpg

Copa América Centenario


COPA AMÉRICA
CENTENAR1OO

Copa América Centenario


COPA AMÉRICA
CENTENAR1OO

 

Plan para descargar y doblar para la Copa América Centenario aquí.


 
 

¡Abrazo de gol!

Juan Pablo Pablo.

 
ElHacedor.jpg

El Hacedor Otro Mortal


EL HACEDOR,
OTRO MORTAL

El Hacedor Otro Mortal


EL HACEDOR,
OTRO MORTAL

 

Si Borges viviera y fuese aficionado al fútbol
— algo así como que si mi tío tuviera tetas sería mi tía —, no dudaría en bautizar a Claudio Ranieri como El Hacedor.


En un acto de autoplagio, propio de los escritores, le calificaría con el mismo título con el que nombró uno de sus textos insignia. El hacedor de un milagro deportivo ajeno a un tiempo donde sólo ganan los millonarios, los títulos se reparten entre los mismos y la afición de pueblo ha quedado enterrada gracias a la televisión satelital.

 

Sin embargo, el gesto de mortalidad con el que Ranieri resumió la temporada de su ahora eterno Leicester modelo 2015-2016 está fuera del terreno de juego donde forjó, partido a partido (derechos cedidos por el Cholo Simeone), el título de Liga. En los aires, y no precisamente en el Olimpo deportivo, aunque también, dijo hallarse Claudio Ranieri a la hora del partido entre el Tottenham y el Chelsea, en el cual se dirimía la suerte del Leicester. Con un empate, como terminó sucediendo, o una derrota de los Spurs, el campeonato iría al humilde equipo por el que las casas de apuestas pagaban 5000 a 1 a principio de temporada.

 

Por más Claudio Ranieri, por más eventual campeón de la Premier, portada de todos los diarios, millonario de antaño y figura reconocida en el fútbol, no podía evitar tomar un vuelo a la misma hora del partido en cuestión. Como todo mortal tuvo que poner su celular en modo avión, soportar el llanto de los bebés, sufrir el aterrizaje, despreciar las películas ofrecidas y elegir a regañadientes entre pollo o carne.

 

Ranieri nos recordó que no hay millones o fama que valga la hora de sabernos, y tener que ser, mortales. Quizás con un par de ceros más en su cuenta bancaria hubiese podido comprar un avión privado. Sí, pero al final la lección nos lleva a lo más básico, a lo humano, a lo corriente, a lo que creemos ajeno a esa burbuja de oro y brillo donde imaginamos que viven las grandes estrellas del fútbol.

 
 

Se aburren, no saben qué hacer, tienen que ver televisión, como usted o como yo. O tienen que leer una revista para distraerse, mandarse memes sin sentido, revisar titulares de prensa en internet, ir a cine, comer en un restaurante (más o menos bueno, pero ese no es el punto), emborracharse, romper un condón, olvidar el cargador del celular, quedarse sin papel higiénico, tener gripa, pelearse con la pareja, olvidar el cumpleaños de su mamá, sufrir un terremoto, preocuparse por las calificaciones de su hijo, no tener wifi o tener pesadillas que los lleven al insomnio.

 

Ranieri es mortal, Messi es mortal, Bale es mortal, Pelé es mortal, Arnulfo Valentierra y el “Tigre” Castillo también. ¿Cómo no son mortales si hasta se puede cagar de miedo escénico? ¿Verdad, Viáfara? 💩

////////////

Después del recibimiento del equipo de Ranieri en Tailandia, queda claro que todos somos Leicester City, pero alguien sabe cómo pronunciar su nombre?

Somos Leicester City

 

Juan Pablo Pablo.

 
SagradaTactica.jpg

El Heredero de Gaudí


EL HEREDERO
DE GAUDÍ

El Heredero de Gaudí


EL HEREDERO
DE GAUDÍ

 

Un japonés se enamoró de la Sagrada Familia, se contagió del delirio artístico propio de Gaudí y exigió vivir en la basílica para ponerse a cargo de terminar la centenaria iglesia.


No tendría nada de extraño que Etsuro Sotoo se reuniera en las noches con otro loco —si es que damos por sentado que muy cuerdo no se está cuando el trabajo es lo único que lo motiva en la vida—. Un loco que lleva su “condición mental” como apodo. Un loco que es capaz de pelearse con el encargado del césped, al punto de sopesar la posibilidad de renunciar a su puesto si no se cumplían expresamente sus órdenes. Un loco que lleva el hermetismo laboral a un extremo infranqueable incluso para Snowden y compañía. Un loco para quien pensar más allá de un rectángulo verde y un balón es un desperdicio de tiempo aunque al escucharlo se encuentra uno con un pensador de los que tanta falta le hacen al siglo XXI.

 

Decía que Etsuro Sotoo puede salir de la Sagrada Familia en las noches —cuando descansan las grúas y cesan los flashes de las cámaras fotográficas de quienes viajan para decir que lo hicieron y no para disfrutar— para permitirse la libertad de compartir sus pensamientos monotemáticos con otro fanático igual a él.

 

En un habitáculo austero, franciscano si se quiere, el arquitecto japonés y el entrenador rosarino se entienden y se aprecian aun cuando sus monólogos tratan materias desconocidas para su interlocutor. Uno recuerda la importancia del rectángulo áureo en la naturaleza  y la necesidad de emplearlo como referente en todas las actividades diarias mientras que el otro se sumerge en un sesuda reflexión sobre el orden y los esquemas a través de una numerología propia de los sorteos de lotería: 4-3-3 ó 5-3-2. Sus variantes complican la teoría tal como la serie dificulta ganar el premio gordo a más personas.

 

Ante Juego Dividido

 

Pasan horas —como lo hacen habitualmente en sus trabajos— hablando sin darse cuenta del paso del tiempo. Amanece, se despiden y regresan al mundo que no les comprende pero les admira. Su obra va más allá del entendimiento propio del común de los mortales. ¿Por qué obstinarse en encarnar a un salmón e insistir en actuar a contracorriente? ¿Por qué el Athletic? ¿Por qué el Marsella? ¿Por qué el cómo y no el qué?

 

Porque tanto él, Marcelo Bielsa, como Etsuro Sotoo entienden que la forma puede ser el fondo. Porque son herederos del espíritu de Gaudí. Porque Bielsa hubiese podido construir una fachada de la Sagrada Familia sin que nadie entendiera por qué.

 

Juan Pablo Pablo.

 
Yoknapatawpha-09.jpg

Faulkner es Colchonero


FAULKNER
ES COLCHONERO

Faulkner es Colchonero


FAULKNER
ES COLCHONERO

 

·
¡PAMMM! UNA CARRETILLA.
·

— ¿Para qué quieres una carretilla?

— Para qué más va a ser si no es para tumbarla boca abajo — dijo mientras se ataba los pantalones con una cabuya.

— No termino de entender.

— No quiero sonar pesado, pero trae la carretilla que pronto va a llegar El Mono.


Con la carretilla dispuesta, con Burgos a su lado, con los lápices afilados y la estrategia en mente, empezaron los garabatos. Ininteligibles. Nadie los podía descifrar. Esa era la idea. El plan perfecto. ¿Eran números? ¿Eran letras? ¿Un aliento? ¿La inspiración?

 

— Yoknapatawpha

— Es del Sevilla. Un buen mediocampista.

— No, Yoknapatawpha, el lugar donde nos tenemos que dejar la vida.

— ¿Luego la ida no era en el Calderón y la vuelta en el Allianz?

— Los dos partidos serán en Yoknapatawpha. Acostumbraos desde ahora.

 

Ante Juego Dividido

 

No empezaron porque lo llevaban haciendo desde hacia meses, sino que continuaron con la rutina. La de nunca acabar. El día a día. El sudor en la sien. El agua que no sabe a nada y aún la deseaban como el todo perfecto. ¡Fuerte! ¡Apretar! ¡Dale!

 

— Tienen que llegar — pensó mientras se imaginaba su voz rompiendo el estruendo de cincuenta mil personas.

— ¿Desde ya prepararlos para tanto?

— No lo harán. Están muertos — replicó para sus adentros,  sabiendo que el mudo de la banda pensaba como si le estuviera hablando.

— Sí, ¿acaso es tan difícil?

 

Más de tres horas corriendo detrás del balón, Ben Hur es poco en comparación; toda una carrera ofrecida a la rigurosidad; la escritura perfecta en los renglones torcidos que ofrece el destino.

— ¿Cierto que lo logran? ¿Alcanzan, verdad?

El estruendo, las emociones, el alma de la que se sale del cuerpo, los ojos fuera de su orbita. ¿Es un sueño?

— Les dije que sería Yoknapatawpha…

 

Juan Pablo Pablo.

 
Rácano-06.jpg

Giménez con G de Gesto


GIMÉNEZ CON G
DE GESTO

Giménez con G de Gesto


GIMÉNEZ CON G
DE GESTO