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Onceno Animal Resto del Mundo


ONCENO ANIMAL

RESTO DEL MUNDO

Onceno Animal Resto del Mundo


ONCENO ANIMAL

RESTO DEL MUNDO

 

En nuestro deseo por constituir ya no un zoológico– pues Pablo Escobar equiparó toda la atención en éste rubro– sino un equipo de animales (no se lea como la formación actual del América, aunque también y sin el debido respeto), cumplo con el deber brindar dos alineaciones.


Ambos combinados pretenden reconocer el desempeñó (ya no juzguemos hasta qué punto bueno o malo) de futbolistas que hemos visto jugar. Así, a continuación una selección de nacionales y otra de internacionales. Pretendo no repetir apodos y, evidentemente, mantener una línea lógica con respecto a una formación. Como se sabe, los motes para los defensas son más escasos, razón por la cual hay que recurrir a alineaciones meramente ofensivas en detrimento del arco propio.

 

Selección Resto del Mundo (3-1-3-3):

Roberto "El Pato" Abbondanzieri; Jonas "El Galgo" Gutierrez, Roberto "El Ratón" Ayala, Gary "El Pitbull" Medel; "El Puma" Emerson; Diego "El Lagarto" Costa, Ariel "El Burrito" Ortega, Lionel "La Pulga" Messi; Javier "El Conejo" Saviola, Karim "El Gato" Benzema, Jefferson "La Foquita" Farfán.

 
 

Juan Pablo Pablo.

 
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Onceno Animal


ONCENO ANIMAL

SELECCIÓN COLOMBIA

Onceno Animal


ONCENO ANIMAL

SELECCIÓN COLOMBIA

 

En nuestro deseo por constituir ya no un zoológico– pues Pablo Escobar equiparó toda la atención en éste rubro– sino un equipo de animales (no se lea como la formación actual del América, aunque también y sin el debido respeto), cumplo con el deber brindar dos alineaciones.


Ambos combinados pretenden reconocer el desempeñó (ya no juzguemos hasta qué punto bueno o malo) de futbolistas que hemos visto jugar. Así, a continuación una selección de nacionales y otra de internacionales. Pretendo no repetir apodos y, evidentemente, mantener una línea lógica con respecto a una formación. Como se sabe, los motes para los defensas son más escasos, razón por la cual hay que recurrir a alineaciones meramente ofensivas en detrimento del arco propio.

 

Onceno Animal Selección Colombia: (3-1-3-3):

René "El Escorpión" Higuita; Jair "El Chigüiro" Benitez, Luis "El Coroncoro" Perea, Gilberto "Alcatraz" García; Jorge "El Pelicano" Banguero; Edison "El Piojo" Acuña, Armando "La Perra" Carrillo, Oscar "La Babilla" Díaz; Jairo "El Tigre" Castillo, Martín "El Toro" Arzuaga, Jorge "El Camello" Serna.

 
 

Juan Pablo Pablo.

 
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Tapar La Boca


LOS TAPABOCAS

Tapar La Boca


LOS TAPABOCAS

 

Hay quienes ven en esas acciones una provocación, un llamado a la violencia en las tribunas, una incitación al odio entre las hinchadas.


Luego están quienes claman que aquello no es más que otro de los elementos folclóricos que adornan las tardes de fútbol, que se trata de una expresión natural e impulsiva que solo entienden los que alguna vez han jugado este deporte.

Pasarán los años y seguirán ahí. Equivocados están quienes creen que, con el transcurso del tiempo, con las sanciones o con las reprimendas públicas, estos compartimentos dejarán de existir. Así como el Hombre no aprende jamás, y se empeña en repetir los mismos errores históricos que comete desde el inicio de los tiempos, así seguiremos viendo cada fin de semana a personajes como Teófilo Gutierrez y Juan Carlos Henao.

Los dos fueron noticia el fin de semana; los dos salieron de la cancha, de una u otra manera, siendo el centro de atención; a ambos les gritaron hasta la afonía, aunque fuera por motivos antagónicos. Más allá de eso, a los dos los une una manera de ver el fútbol, que los ha llevado a estar más cerca que nunca: no conocen la indiferencia, se saben figuras, diferentes, polémicos.

Ninguno de los se amedrentó al entrar a la Bombonera y ninguno de los dos dudó un instante a la hora de convertirse en el antagonista de la historia xeneinze. Hace más de diez años, en la noche en que el fútbol premió al sistema defensivo más eficaz de América, Henao hizo que Bianchi y sus dirigidos vivieran una experiencia diferente al término de una final continental. El domingo 20 de noviembre de 2016 Teo se llevaba a cuestas los insultos de más de cuarenta mil personas después de trazarse una banda cruzada imaginaria un segundo después de marcar el empate.

 
 

Folclóricos o provocadores, lo que tienen claro es que quieren salir siempre en el centro de la escena, en la portada de los periódicos. A Henao le tocó de salida, pero a Teo le quedan muchas tardes de Trending Topic en Twitter.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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El Atleti en la Final de la Euro


EL ATLETI
EN LA EURO

El Atleti en la Final de la Euro


EL ATLETI
EN LA EURO

 

En un partido donde de antemano se sabía a qué iban a jugar los dos equipos, más allá de su desempeño en la fase anterior, la nota de extravagancia corrió por cuenta del árbitro.


Una extravagancia que, lejos de ser una innecesaria sed de protagonismo, residió en su indumentaria. Si alemanes y franceses dejaron atrás el marketing y vistieron de la forma más tradicional posible, el árbitro italiano, para mantener vivo el legado de su país, aunque fuera recalcando la fijación por la moda, rompió los esquemas y acompaño su camiseta y pantaloneta negra de unas medias azul claras. Intrépida indumentaria que el mítico y beatificado Pierluigi Collina reprobaría dentro sus esquemas de sobriedad.

 

Por lo demás, hubo fútbol en el Velodrome de Marsella pese a que parecería que los organizadores se hubiesen empeñado en dificultar la actividad deportiva con el descuido a la hora de cuidar el terreno de juego. Aún resulta increíble que en el desarrollo de una Eurocopa en un país futbolísticamente consagrado, como es Francia, y en plena semifinal se presente una deficiencia tan flagrante como es la de no tener un campo a la altura de las circunstancias. Claro, la alta definición y los recurrentes planos generales pueden ser engañosos. Sin embargo, a poco que alguno de los jugadores caía al suelo y el plano a cambiaba podíamos ver sin engaño la deplorable condición de la grama.

 

Mientras tanto, Alemania a lo suyo, con su construcción vertical y las incisiones profundas a cargo de los volantes de primera y segunda línea. Y entre más se empeñaban los dirigidos por el  impúdico Löw en atacar y buscar un resquicio por donde llegar a la portería de Lloris mejor se defiendan los franceses, más concentrados estaban y menos ventajas otorgaban. Pasaban los minutos de acuerdo a la monotonía planteada de antemano, aun cuando hubo par de ocasiones en el primer tiempo donde se lucieron los dos porteros.

 
 

Sin grandes ocasiones de consideración y el temor reinante ante la incertidumbre que representa un marcador empatado a cero, el desarrollo del partido se inclinaba a favor de los dirigidos por Diego Simenone. Ese equipo defensivo, ordenado, entregado a una idea con la cual doblegar a quien lleva la iniciativa ofensiva, serio y seguro de tener una opción, tan solo una, con la cual romper el empate a su favor. Llegó el penalti y marcó el crack del Atlético de Madrid quien, además, redondeo su faena con la puntilla en el segundo tiempo. Porque Griezmann, para quien no se ha dado cuenta, es un hidalgo y un caballero medieval español. Entregado a sus tareas cumple y, de ser necesario, deja en la cancha cuanto haya que dejarse. Y celebra con un inconfundible "Vamoooooos". (..y el baile de Drake)

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Sorpasso


SORPASSO

Sorpasso


SORPASSO

 

Nadie duda de la evidencia; los hechos son incontrovertibles, y solo los necios, los tontos, y los que no quieren ver se niegan a aceptar la realidad.


Las encuestas son la voz del pueblo, el clamor popular y, juicios de valor a parte, la opinión establecida de la sociedad. Ese pulso callejero refleja lo que piensa y siente la gente más allá de lo que quieran o puedan transmitir los analistas de traje y corbata. Ocurre, pues, que ante los números no queda más que rendirse, sacar conclusiones y analizar, aún cuando haya que tomar los datos con pinzas por el temor a equivocarse.

 

Hace 48 horas nadie dudaba de la remontada de Unidos Podemos, de cara a las elecciones generales en España, así como no había quien pusiera en tela de juicio la sensación general de un triunfo del equipo dirigido por Vicente Del Bosque sobre la Italia del expresivo y vigoroso Conte, en octavos de final de la Eurocopa.

 

Y, sin embargo, si los números de las encuestas y la noción popular reflejan el sentir común, el verdadero "sorpasso", del que tanto se hablaba en la previa de la contienda electoral, se dio en el estadio de la capital francesa. Dos sorpresas: una política y una deportiva. Dos tragos amargos para quienes se fiaban del antes de las certezas que, ya se habrán dado cuenta, creen brindar las especulaciones.

 

Pifia de España y de La Roja

 

Así, en política nada de cambio y continuidad en el Gobierno. Y en fútbol, en la verdadera preocupación de los españoles, la sorpresa, el desconcierto y lo inesperado: el dominio, el control y la superioridad irrefutable de una Italia que salió a jugar con hambre, deseo, calidad y un orden propios de soldados romanos conscientes de dejarse la vida en cada movimiento. 

 

De catenaccio, el pasado; de cerrojo y 17 jugadores defendiendo, la anécdota; de "patabrava", el mito. Nada de eso. Lo único que se vio en París fue una selección convencida de lo que hacía y con la intención de dejarse cada gota de sudor en la cancha. Pasaron como Islandia, poniendo los puntos sobre las íes, esas íes con las que empieza el nombre de su sueño.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Refranero Alemán


REFRANERO ALEMÁN

Refranero Alemán


REFRANERO ALEMÁN

 

Dentro del sin fin de ejercicios infantiles que se repiten con los años, más allá de las susodichas innovaciones pedagógicas, la tarea de componer un refranero popular se mantiene vigente.


En el afán por hacer que los hombres y mujeres del mañana hereden y difundan el legado lingüístico de sus antepasados, los colegios promueven que los ahora niños se empeñen en investigar, y entender que es lo más difícil, los dichos, frases y refranes de sus abuelos. 

 

En su momento, dado a la tarea, quien escribe estas letras — que no se sabe si es Juan Pablo Pablo, Juan Pablo, Juan, Pablo o Pablo Pablo — tuvo que hacer el mentado refranero. Dejando de lado las frases que por entones, y aún ahora, causaban sonrojo, bien por lo inentendibles o lo dadas a ser malinterpretadas, hubo una frase que causó sensación en el año en que tuvo que presentarse el refranero del autor: Vístete despacio que vas de prisa.

 

Nadie, con los escasos diez años que teníamos para entonces, entendía bien cómo se podía desafiar las reglas del tiempo y la eficiencia actuando con lentitud en la medida en que se tenía apuro. Un oximorón en toda regla, aunque en aquellos días no supiéramos, ya no que significaba esta figura literario, sino que existía. En definitiva, como se ha dicho, el refrán provocó el desconcierto común y las burlas generalizadas: que de dónde se sacaba una estupidez de ese calibre, que quién le había dicho tal tontería o de cómo había sido capaz de presentar tal oración inventada sin llegar a ruborizarse. 

 

La saben mover

 

Como el tiempo es sabio, las explicaciones, aunque tarde, llegaron con el partido de Alemania contra Eslovaquia. Rozando el tedio e invitando al sueño vespertino, dirían los mismos que argüían que el Barcelona de Guardiola era aburrido. Sin el vértigo y la verticalidad alemana de toda la vida, clamarán otros. Sin lucir ni dar espectáculo, criticarán los de más allá. Sin embargo, ahí están los hechos, incontrovertibles e innegables: la actual campeona del mundo mandó en todo el partido, creó un sinnúmero de ocasiones de gol, goleó a Eslovaquia, tuvo la posición y el control durante los 90 minutos y ya está en cuartos de final.

 

Si no les gusta, si no entienden lo que es vestirse despacio porque tienen prisa de ser campeones, entonces ustedes siguen en primaria y desconocen, ya no solo el placer, sino el efecto y es resultado positivo de la paciencia, la calma, el análisis y el control.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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La Felicidad No Especula


LA FELICIDAD
NO ESPECULA

La Felicidad No Especula


LA FELICIDAD
NO ESPECULA

 

Hay una frase de hermanos que nunca falta en el momento de recibir el regaño materno: Siempre yo, dice el aludido.


El otro, cabizbajo, esconde en su silencio e indiferencia la tranquilidad de no ser sujeto de una reprimenda directa. Su hermano, masculla entre dientes la susodicha frase: siempre yo, siempre yo. En esa hermandad que puede constituir una selección nacional de fútbol es de imaginar que, al llegar al vestuario, Cristiano Ronaldo pensara e incluso dijera, sin atisbo de pena, siempre yo, siempre yo. Una merecida mención a su persona luego de tener que hacer de un juego colectivo un lucimiento individual.

 

En el empate a tres, que más que un partido reñido y parejo fue una oda a los errores y la carencia de tranquilidad, tuvo que erigirse la figura de uno de los llamados a lucir siempre, para evitar que el equipo favorito del grupo se quedara en primera ronda. El papelón estaba a servir de boca, en tres oportunidades se sintieron los once, los once millones de portugueses, fuera de la Eurocopa. Y a cada momento de incertidumbre y temeridad apareció el mediático (por aquello de lanzar micrófonos al agua) crack de Madeira. Primero asistiendo, porque nadie le llevaba el balón, y luego dando una lección de cómo definir con clase a la carrera y la manera en que se debe cabecear una pelota en el área. 

 
 

Y Portugal entró tercero, con tres punto en tres partidos que, en la siempre desatinada previa, se preveían fáciles, muy fáciles, casi de trámite. Y como la suerte no le falta a quien la necesita quedó por el que se ha denominado el lado asequible del cuadro de eliminación. Los grandes favoritos, los que han quedado campeones del mundo alguna vez (Alemania, Francia, España, Italia e Inglaterra) van juntos por un lado, entre ellos se eliminarán. Por el otro, orondo y sin querer queriendo, o sí, irá Portugal.

 

Todo porque, además, Islandia, la representante de trescientas mil personas, no piensa en mañanas, no especula y no juega con los números. Va a lo suyo, a jugar, a divertirse, a vivir la experiencia que puede ser única. Como no juegan, cual jugadores de póquer, con el qué pasará, disfrutan al entrar en la cancha. Y si ahora les toca lo más complicado no tienen miedo. Miedo a la oscuridad, tampoco; al frío, ni se diga; y a la soledad glacial, mucho menos. Miedo, saben ellos, solo se le tiene al Coco.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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La Finca De Los Croatas


LA FINCA
DE LOS CROATAS

La Finca De Los Croatas


LA FINCA
DE LOS CROATAS

 

Hombre flojo no goza mujer bonita, dice uno de los tantos dichos que surgieron al amparo de las cervezas heladas y las linternas de gasoil, a principios del siglo pasado, en las fincas colombinas de tierra caliente.


En una época machista por excelencia, la fortaleza física era una muestra innegociable de virilidad y, en esa línea, incitar a la demostración de masculinidad era otra de las tretas entre amigos.

 

Como si en lugar del Adriático hubiesen crecido a la sombra de los mangos costeños, los jugadores croatas cedieron ante la tentación de dejarse retar por el enemigo, de salir, a su manera, a pelear la sagrada posición de privilegio en el grupo que les permitiría, más que menos, un camino menos tortuoso a partir de octavos de final. Aunque en la previa se hablara únicamente del empate o la victoria de España, los croatas con paciencia, disciplina y control de las emociones propias, no solo supieron ganar, sino que lo hicieron remontando en el minuto 87, el mismo minuto en el que Piqué hizo el gol del triunfo en el primer partido de La Roja.

 

Y ahora las dudas en España, las preguntas y los cuestionamientos. Se acabaron los halagos y las alabanzas al equipo que parecía mejor que el ganador de las dos anteriores Eurocopas y el Mundial del 2010. Ahora vienen los reproches y los hipotéticos sobre cómo hubiese discurrido el juego de haber hecho rotaciones o de no haber dejado espacios atrás para buscar un inútil triunfo, que lo mismo daba el empate.

 
 

Y por el contrario, los croatas, que reservaron a Modric y a su delantero estrella, van ahora por el lado asequible del cuadro de eliminación directa. Van tranquilos, con nadadito de perro, como se diría en las mismas fincas de tierra caliente cuando uno de los sobrinos es incapaz de dar un par de brazadas y prefiere chapucear con la cabeza por fuera. Igualmente, no habría de qué preocuparse si los croatas se sienten aludidos por el refrán popular y tratan de nadar con un estilo olímpico que desconocen. No hay de qué preocuparse porque, llegado el caso, ya hemos visto que tienen gorros de waterpolo para protegerse y sortear la tempestad.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Balón


UN BALÓN

Balón


UN BALÓN

 

Hay pocas situaciones que causen más miedo en la infancia que la de quedarse sin juguetes.


Para un niño sus juguetes lo son todo. Más allá de sus padres, a los que ama sin saberlo conscientemente, un niño siente devoción por sus juguetes. No importa si son muchos o pocos, de buena o mala calidad, nuevos o heredados de sus primos mayores. Para un niño sus juguetes representan su realidad, la puerta a un mundo de escenarios infinitos. Son, en definitiva, el alimento de su inagotable imaginación.

 

Con el paso de los años, el reconocimiento, también inconsciente, de la naturaleza social del hombre lleva a los niños a integrarse a una realidad común. Un mundo compartido: la amistad con sus iguales. A partir de entonces, el entretenimiento, las distracciones, los problemas, las risas y el llanto tienen una razón de ser humana. Los juguetes no han quedado del todo apartados pero ahora sirven de instrumento para prolongar o alimentar esos vínculos de naciente amistad. 

 

Es entonces cuando entre un sin fin de objetos aparece por primera e inolvidable vez el balón. En cuanto entra en escena no se volverá a ir. Llega para quedarse, para cautivar la atención, para robarse los sueños y para alimentar las ilusiones. No se concibe el colegio sin los descansos para jugar fútbol. Si, por algún extraño fenómeno, un niño se levanta con ganas de "ir a estudiar" es porque ese día tiene partido contra el otro curso o porque tiene clase de educación física que, cómo no, es sinónimo de fútbol y más fútbol.

 

Ocurre, pues, que la única preocupación radica en el balón: quién lo va a traer, con cuál vamos a jugar, si está bien de aire, si "quema" al pegar en la espalda. Todo gira alrededor del balón, incluso la propia pelota. Por eso el dolor, el vacío y el desconcierto cuando un profesor decomisa el sagrado objeto por estar utilizando fuera de las horas de recreo, o cuando al encargado de llevarlo al colegio se le olvida meterlo en la mochila. Pero lo peor, la pesadilla que provoca sudores y escalofríos es que el balón se pinche, se desinfle y quede inutilizable. Ese terror juvenil fue el que sufrieron todos los adultos, en un déjà vu insufrible, cuando vieron como se rompía el cuero del balón en el partido entre Francia y Suiza. En pleno 2016, cuando los avances tecnológicos nos acercan a los humanoides y los objetos reducen su fallo casi a cero, se revienta una pelota en plena Eurocopa.

 
 

Pero nada, ellos, los inmortales, como si tal cosa. No tuvieron problema en usar otro balón "perfecto" para continuar con el juego, sin saber que más de uno en su casa sufría al recordar aquellas aciagas mañanas en que tocaba quedarse a la sombra sin hacer nada porque la pelota había ido a parar a la valla y ahora colgaba, desecha y rota, del alambrado.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Iniesta y Busquets: Profesores de Periodismo


PROFESORES DE PERIODISMO

Iniesta y Busquets: Profesores de Periodismo


PROFESORES DE PERIODISMO

 

Con la cabeza no solo se piensa.
Salvo casos de uso inusitado, como puede ser dar un cabezazo en el pecho de un rival (sin que nadie se sienta aludido), a parte de emplearse para darle vueltas a las ideas, estúpidas o no, que puedan surgir a cada momento, la cabeza sirve para ganar.


Así, a secas, para ganar, para lograr la victoria, para empezar la avalancha de abrazos, para desbordar los besos, para que la alegría reine, para que se apague la preocupación.

 

Es, sin entrar en los elogios redundantes que por estos días se hacen de su juego, no sin toda la razón, lo que hace la selecciona española de fútbol. Más allá de la fidelidad irrestricta que mantienen con su idea de juego, impermeable al cambio de jugadores y al paso de los años, la solución para abrir sus dos primeros partidos de la Eurocopa ha pasado por el lugar donde otros tantos albergan telarañas, teorías, recuerdos o simplemente materia gris.

 

Primero fue Piqué, siguiendo la costumbre del torneo de marcar a última hora, y ahora le correspondió el turno a Álvaro Morata. Claro, eso es lo que dejan las imágenes, lo que podrán ver quienes, en el futuro, se pregunten por los partidos de la Roja de Del Bosque en el campeonato continental de 2016.

 

Sin embargo, lo que no sabrán ellos, así como tampoco lo logramos dilucidar quienes podemos ver esa selección en tiempo real, es cómo funciona y qué es, porque sin duda es algo diferente a lo del resto de mortales, lo que llevaban por dentro las cabezas de Sergio Busquets y Andrés Iniesta. Sí, son parte del todo que conforma una selección nacional que no deja de causar admiración más allá de sus triunfos, empates o derrotas. Sí, son un colectivo y las individualidades brillan gracias a que todo el equipo funciona correctamente. Y sí, no se trata de nombres propios frente al grupo. 

 
 

Aun así las dudas asaltan a todo el mundo futbolístico. Ya lo decía Ángel Cappa, que algo, solo algo, sabe de fútbol: Iniesta es admirable no solo por su destreza deportiva sino porque entiende de qué se trata el juego y, pese a que a veces, muy pocas, no salgan las cosas, al saberse conocedor del porqué de las cosas, las probabilidades están de su lado. Como del mismo lado está esa mente brillante, con espíritu de fonambulista, que camina por el abismo de lo inexplicable y que se llama Sergio Busquets. Omnipresente y conocedor de cuándo, dónde y cómo hacer las cosas dentro de la cancha.

 

En definitiva, una pareja de futbolistas que bien podrían dictar clase en una facultad de periodismo, pues nadie como ellos para explicar el fundamento del oficio de la prensa:
qué, cómo, cuándo, dónde y por qué.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Ahorrar Para Perder


AHORRAR PARA PERDER

Ahorrar Para Perder


AHORRAR PARA PERDER

 

¿Es usted de los que al ver que el estadio está abarrotado decide salirse cinco minutos antes del final del partido para llegar antes que los demás hinchas al parqueadero?


¿Acaso hace parte usted de esas personas que no soporta rozar su humanidad con la de sus congéneres cuando tratan de llegar a la salida más cercana? ¿Detesta no poder moverse en una escalera y tener que usar sus codos para infringir dolor ajeno en el costillar de otras personas a fin de abrirse espacio para conseguir una bocanada de aire?

 

Si responde afirmativamente a estas cuestiones, no solo lo hará sin sonrojo y con orgullo, sino que dirá en su defensa que, si en más de 85 minutos no han hecho nada, menos va a pasar en los restantes cinco minutos de juego. Aunque usted reconoce que se dan milagros en el fútbol e, incluso, es capaz de recordar gestas de último instante como la remontada de Champions del Manchester United al Bayern de Múnich, el gol de Sergio Ramos al Atlético de Madrid, la derrota del América de Cali en la Libertadores del 87 o el título de Premier del Manchester City en la última jornada contra el Queens Park Rangers, no cree ser el privilegiado de ver una resolución similar en el partido que fue a ver en vivo. 

 

Aquello no le resta pasión por el fútbol, piensa para sus adentros. ¿Quién se atreve a poner en tela de juicio su amor por este deporte tan solo porque abandona el estadio unos minutos antes para facilitares la vida y poder regresar antes a casa? Usted sigue a lo suyo: yendo a lo partidos, gritando, apoyando, sufriendo, insultando y parándose de su asiento cinco minutos antes del término reglamentario del juego.

 

Y como está convencido, sin tener que dar justificaciones racionales al respecto, de su fervor irrestricto por este deporte, decide ahorrar e ir a un torneo de selecciones. Como el mundial es muy caro y la Copa América la hacen cada vez que les da la gana, con lo que pierde mística y seriedad, opta por ver en vivo una Eurocopa. Para no dejarse todo su dinero guardado durante años elige, de una vez por todas, ir a la Eurocopa de este año, la que es Francia, la última en ser en una sola sede, de manera que le resultará un tanto más barato que la siguiente edición, cuando toque viajar por medio continente. 

 

La delgada línea entre Ahorrar y Perder

 

Vaya, vaya y disfrute a su manera. Vaya, compre cerveza, píntese la cara, póngase la camiseta que prefiera, goce con el ambiente sobrecogedor y salga cinco minutos antes para evitar contactos casi íntimos con los miles y miles de seguidores que atiborran las gradas francesas. Eso si, al otro día cuando lea los apellidos Payet, Griezmann, Berezutski, Sturridge, "Suastinga" (como usted aprendió que se pronuncia Schweinsteiger), McGinn, Piqué, Pellé y Stieber no se extrañe. No se extrañe porque son los nombres de los jugadores que, en los primeros 18 partidos de la Eurocopa, se han empeñado en amargarle la vida a persona como usted con sus goles después del minuto 85. Sí, solo 18 partidos y ya van diez goles bien en los últimos cinco minutos reglamentarios o en la prórroga.

 

Pero usted siga a lo suyo. Ahorre toda la vida para perderse lo mejor, lo mejor que siempre llega al final. 

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Los Gigantes Son Felices Con Poco


LOS GIGANTES SON FELICES CON POCO

Los Gigantes Son Felices Con Poco


LOS GIGANTES SON FELICES CON POCO

 

Si Kingsley Coman, con escasos 20 años, ya ha ganado dos campeonatos ligueros en Francia, uno en Italia y otro en Alemania, jugar un partido contra Albania tampoco significa para él la mayor gloria deportiva.


No está en duda la entrega y el compromiso con los que el media punta derecho afronta sus partidos con la camiseta de la selección francesa. Simplemente se trata de otro de los jugadores —ya no tan extraños en tiempos de monopolio deportivo y reinados medievales de unos pocos clubes— destinados a llenarse de medallas, a cansarse de celebrar, a jugar en la élite mundial y aspirar a títulos y más títulos cada temporada.

 

Sin embargo, por suerte para los mortales, aquellos que no viven en la dicha de la gloria deportiva infinita, aún hay resquicios de alegría propia de los Juegos Olímpicos, esa competención donde, en parte fiel a su espíritu fundacional, participar y llegar a la meta ya constituye un triunfo. Todavía hay momentos que nos recuerdan que se vive de los detalles. Cada vez son menos y, desafortunadamente, parecen condenados a verse arrasados por la ola homogeneizadora del «solo importa ser primero y ser el mejor». 

 

Como el mundo es lo suficiente amplio como para que la felicidad corra por cuenta de cada uno de sus habitantes y no solo por quienes nadan en champaña, ni la alegría ni el dolor se pueden cuantificar. No hay una misma escala, pese al empeño de hacernos creer, al igual que con el tiempo, que todo debe verse igual en el mundo. Por eso, sirvan estas líneas ya no solo para mencionar el anecdótico dato de haberse convertido en el deportista más viejo en jugar una Eurocopa, sino para destacar la felicidad personal, la que viene en pequeñas dosis, la que no sale en las revistas del corazón y de la que no habla medio mundo por un mero interés chismográfico. 

 

Sea este un recuerdo, pues está lejos de ser el homenaje deseado, a vivir según lo que se quiere, lo que se ama y lo que se piensa. ¿Extravagancias? ¿Cortes de pelo marcándose un número o un mapa en las sienes? ¿Tatuajes en el cuello? ¿Celebraciones individuales y rebuscadas? ¿Indumentaria ajustada para presumir de gimnasio? Nada de eso. Fiel a su idea, seguro de su manera de ver la vida, leal a quien es, guerrero que muere con la botas puestas, Gábor Király, el portero cuarentón de Hungría, nos devuelve la fe en la Humanidad. 

 
 

Imposible imaginarse un mejor debut en la Eurocopa para Gábor: triunfo contra Austria, en el que es el clásico de selecciones más jugado después de Inglaterra-Escocia; liderato de grupo, cuando les consideraba el equipo más débil al inicio del torneo; demostración de flexibilidad, pese a que su físico invita a pensar lo contrario; y una sudadera gris manchada de pasto y llena de gloria. En definitiva, una felicidad tan inmensamente pequeña que Coman no la conocerá jamás.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Euro2016


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¡Abrazo de gol!

Juan Pablo Pablo.

 
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El Hacedor Otro Mortal


EL HACEDOR,
OTRO MORTAL

El Hacedor Otro Mortal


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Si Borges viviera y fuese aficionado al fútbol
— algo así como que si mi tío tuviera tetas sería mi tía —, no dudaría en bautizar a Claudio Ranieri como El Hacedor.


En un acto de autoplagio, propio de los escritores, le calificaría con el mismo título con el que nombró uno de sus textos insignia. El hacedor de un milagro deportivo ajeno a un tiempo donde sólo ganan los millonarios, los títulos se reparten entre los mismos y la afición de pueblo ha quedado enterrada gracias a la televisión satelital.

 

Sin embargo, el gesto de mortalidad con el que Ranieri resumió la temporada de su ahora eterno Leicester modelo 2015-2016 está fuera del terreno de juego donde forjó, partido a partido (derechos cedidos por el Cholo Simeone), el título de Liga. En los aires, y no precisamente en el Olimpo deportivo, aunque también, dijo hallarse Claudio Ranieri a la hora del partido entre el Tottenham y el Chelsea, en el cual se dirimía la suerte del Leicester. Con un empate, como terminó sucediendo, o una derrota de los Spurs, el campeonato iría al humilde equipo por el que las casas de apuestas pagaban 5000 a 1 a principio de temporada.

 

Por más Claudio Ranieri, por más eventual campeón de la Premier, portada de todos los diarios, millonario de antaño y figura reconocida en el fútbol, no podía evitar tomar un vuelo a la misma hora del partido en cuestión. Como todo mortal tuvo que poner su celular en modo avión, soportar el llanto de los bebés, sufrir el aterrizaje, despreciar las películas ofrecidas y elegir a regañadientes entre pollo o carne.

 

Ranieri nos recordó que no hay millones o fama que valga la hora de sabernos, y tener que ser, mortales. Quizás con un par de ceros más en su cuenta bancaria hubiese podido comprar un avión privado. Sí, pero al final la lección nos lleva a lo más básico, a lo humano, a lo corriente, a lo que creemos ajeno a esa burbuja de oro y brillo donde imaginamos que viven las grandes estrellas del fútbol.

 
 

Se aburren, no saben qué hacer, tienen que ver televisión, como usted o como yo. O tienen que leer una revista para distraerse, mandarse memes sin sentido, revisar titulares de prensa en internet, ir a cine, comer en un restaurante (más o menos bueno, pero ese no es el punto), emborracharse, romper un condón, olvidar el cargador del celular, quedarse sin papel higiénico, tener gripa, pelearse con la pareja, olvidar el cumpleaños de su mamá, sufrir un terremoto, preocuparse por las calificaciones de su hijo, no tener wifi o tener pesadillas que los lleven al insomnio.

 

Ranieri es mortal, Messi es mortal, Bale es mortal, Pelé es mortal, Arnulfo Valentierra y el “Tigre” Castillo también. ¿Cómo no son mortales si hasta se puede cagar de miedo escénico? ¿Verdad, Viáfara? 💩

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Después del recibimiento del equipo de Ranieri en Tailandia, queda claro que todos somos Leicester City, pero alguien sabe cómo pronunciar su nombre?

Somos Leicester City

 

Juan Pablo Pablo.

 
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El Heredero de Gaudí


EL HEREDERO
DE GAUDÍ

El Heredero de Gaudí


EL HEREDERO
DE GAUDÍ

 

Un japonés se enamoró de la Sagrada Familia, se contagió del delirio artístico propio de Gaudí y exigió vivir en la basílica para ponerse a cargo de terminar la centenaria iglesia.


No tendría nada de extraño que Etsuro Sotoo se reuniera en las noches con otro loco —si es que damos por sentado que muy cuerdo no se está cuando el trabajo es lo único que lo motiva en la vida—. Un loco que lleva su “condición mental” como apodo. Un loco que es capaz de pelearse con el encargado del césped, al punto de sopesar la posibilidad de renunciar a su puesto si no se cumplían expresamente sus órdenes. Un loco que lleva el hermetismo laboral a un extremo infranqueable incluso para Snowden y compañía. Un loco para quien pensar más allá de un rectángulo verde y un balón es un desperdicio de tiempo aunque al escucharlo se encuentra uno con un pensador de los que tanta falta le hacen al siglo XXI.

 

Decía que Etsuro Sotoo puede salir de la Sagrada Familia en las noches —cuando descansan las grúas y cesan los flashes de las cámaras fotográficas de quienes viajan para decir que lo hicieron y no para disfrutar— para permitirse la libertad de compartir sus pensamientos monotemáticos con otro fanático igual a él.

 

En un habitáculo austero, franciscano si se quiere, el arquitecto japonés y el entrenador rosarino se entienden y se aprecian aun cuando sus monólogos tratan materias desconocidas para su interlocutor. Uno recuerda la importancia del rectángulo áureo en la naturaleza  y la necesidad de emplearlo como referente en todas las actividades diarias mientras que el otro se sumerge en un sesuda reflexión sobre el orden y los esquemas a través de una numerología propia de los sorteos de lotería: 4-3-3 ó 5-3-2. Sus variantes complican la teoría tal como la serie dificulta ganar el premio gordo a más personas.

 

Ante Juego Dividido

 

Pasan horas —como lo hacen habitualmente en sus trabajos— hablando sin darse cuenta del paso del tiempo. Amanece, se despiden y regresan al mundo que no les comprende pero les admira. Su obra va más allá del entendimiento propio del común de los mortales. ¿Por qué obstinarse en encarnar a un salmón e insistir en actuar a contracorriente? ¿Por qué el Athletic? ¿Por qué el Marsella? ¿Por qué el cómo y no el qué?

 

Porque tanto él, Marcelo Bielsa, como Etsuro Sotoo entienden que la forma puede ser el fondo. Porque son herederos del espíritu de Gaudí. Porque Bielsa hubiese podido construir una fachada de la Sagrada Familia sin que nadie entendiera por qué.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Faulkner es Colchonero


FAULKNER
ES COLCHONERO

Faulkner es Colchonero


FAULKNER
ES COLCHONERO

 

·
¡PAMMM! UNA CARRETILLA.
·

— ¿Para qué quieres una carretilla?

— Para qué más va a ser si no es para tumbarla boca abajo — dijo mientras se ataba los pantalones con una cabuya.

— No termino de entender.

— No quiero sonar pesado, pero trae la carretilla que pronto va a llegar El Mono.


Con la carretilla dispuesta, con Burgos a su lado, con los lápices afilados y la estrategia en mente, empezaron los garabatos. Ininteligibles. Nadie los podía descifrar. Esa era la idea. El plan perfecto. ¿Eran números? ¿Eran letras? ¿Un aliento? ¿La inspiración?

 

— Yoknapatawpha

— Es del Sevilla. Un buen mediocampista.

— No, Yoknapatawpha, el lugar donde nos tenemos que dejar la vida.

— ¿Luego la ida no era en el Calderón y la vuelta en el Allianz?

— Los dos partidos serán en Yoknapatawpha. Acostumbraos desde ahora.

 

Ante Juego Dividido

 

No empezaron porque lo llevaban haciendo desde hacia meses, sino que continuaron con la rutina. La de nunca acabar. El día a día. El sudor en la sien. El agua que no sabe a nada y aún la deseaban como el todo perfecto. ¡Fuerte! ¡Apretar! ¡Dale!

 

— Tienen que llegar — pensó mientras se imaginaba su voz rompiendo el estruendo de cincuenta mil personas.

— ¿Desde ya prepararlos para tanto?

— No lo harán. Están muertos — replicó para sus adentros,  sabiendo que el mudo de la banda pensaba como si le estuviera hablando.

— Sí, ¿acaso es tan difícil?

 

Más de tres horas corriendo detrás del balón, Ben Hur es poco en comparación; toda una carrera ofrecida a la rigurosidad; la escritura perfecta en los renglones torcidos que ofrece el destino.

— ¿Cierto que lo logran? ¿Alcanzan, verdad?

El estruendo, las emociones, el alma de la que se sale del cuerpo, los ojos fuera de su orbita. ¿Es un sueño?

— Les dije que sería Yoknapatawpha…

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Giménez con G de Gesto


GIMÉNEZ CON G
DE GESTO

Giménez con G de Gesto


GIMÉNEZ CON G
DE GESTO

 

·
EL HOMBRE
QUE SE SABÍA EQUIPO
·

Rácano. Palabra sacada del diccionario de sinónimos y antónimos para sonar más académico en el mundo futbolístico a la hora de decir amarrete, ultradefensivo o cobarde. 


El calificativo, que tiene más parecido sintáctico con cualquier tubérculo, fue impuesto al juego desplegado por el Atlético de Madrid en su visita al campo del Sporting de Gijón el pasado 20 de marzo. Era un partido en el que el equipo dirigido por el Cholo Simeone pretendía mantener, más que en la práctica, en la ilusión de sus hinchas la posibilidad de hacerse con la Liga. Sin embargo, por el mencionado juego defensivo con el que el técnico argentino buscó asegurarse los tres puntos, más pronto que tarde faltaron las ideas, se abalanzaron los once jugadores y 25 mil hinchas del Sporting sobre la portería de Oblack y se terminó consumando la remontada.

 

El asedio gijonés, con resultado práctico en menos de quince minutos, si bien se dio por la falta de ambición atlética, lleva dos motivos de peso detrás. Uno, la necesidad del Sporting de Abelardo por salvar la categoría. Ante la amenaza del descenso sobran carácter y ganas para enfrentarse a un equipo de estrellas que pelea por Liga y Champions. Y dos, muy importante y objeto de estas palabras, la ausencia de los dos estandartes defensivos del Atlético: Godín y Giménez.

 

Para no caer en juegos baratos de asociación alfabética—léase la MSN o la BBC—descartemos llamar a la dupla de centrales uruguayos los G&G, que ni son la marca de un champú ni pretenden eternizarse (posiblemente sí en la selección) uno al lado del otro. En fin. Godín estaba de baja por una lesión muscular y a Giménez le tocaba ejercer el liderazgo en una zaga defensiva compartida con Lucas. Ya con todo Asturias empujando el balón hacia el área colchonera, Giménez tiene un acto de devoción hacia Godín y decide tener la misma lesión en el bíceps femoral que sufrió su coterráneo. Bromas malas aparte, Giménez también se lesionó y el Atlético, ya sin sus dos centrales titulares, tuvo que hacer frente a la remontada.

 

Pero lo importante de la historia, como en la vida misma, no es lo que pasó; son los gestos. El Atlético estaba sin cambios cuando se lesionó Giménez. Al ver que el central se rompía en plena carrera, Simeone supo que debería aguantar el chaparrón con un hombre de menos. Era evidente que el uruguayo no podría seguir así. Pero ahí, en ese momento, y ya no pensemos en el resultado final, se dio el gesto de la tarde. En la banda, cuando ya le estaban pasando la chaqueta para sentarse en el banquillo, el propio Giménez le dijo al Cholo que seguiría, que si no había más cambios él no se retiraría del campo dejando al equipo con uno menos, que si era necesario se iría a atacar: «Cholo, me pongo de delantero», decía el joven defensor mientras su entrenador le insistía en que se sentara.

 

Blueprint de la estrategia del Cholo: Un Rácano bien plantado.

 

Lejos de pensar en la Champions, en los partidos de Eliminatorias y en su propia salud, Giménez quería seguir, era consciente de la trascendencia liguera del partido. Simeone, con la experiencia de los años, veía más allá y cuidaba de su central. El defensor uruguayo, sollozo, se resignó y vio como se iban los puntos de El Molinón. Su intención, lejos de las cámaras y la fama, es el retrato mismo del partido a partido del Cholo. La posibilidad de pensar en un día después a la visita a Gijón no sobrevoló la mente de este defensa que es capaz de poner la cabeza ante un remate rastrero que va directo a gol.

 

Si lo ha heredado o no de Godín—quien merece un libro aparte— es entrar en el campo de la especulación. La actitud, de eso se trata el fútbol. Talento, por su puesto. Pero entre quienes tienen talento, la pasión y la actitud con la que se afronta este deporte son determinantes. No garantizan ni el triunfo ni la gloria pero sí la satisfacción personal y el deber cumplido con los compañeros. Son personas que no olvidan que el fútbol se juega más allá del narcisismo. 

 

Juan Pablo Pablo.

 
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¿Quién Es Panenka?


¿QUIÉN ES PANENKA?

¿Quién Es Panenka?


¿QUIÉN ES PANENKA?

 

El penalti —que bien podría escribirse en mayúsculas— del que pocos se acuerdan, menos páginas de análisis ha acaparado, pero merece mayor atención sucedió lejos de los grandes escenarios europeos. Su ejecutor, recuerdo pese a la bruma del olvido, fue el delantero, entonces volante ofensivo, Gustavo Adrián Ramos.


En las siempre disputadas y concurridas semifinales de la Copa Cafam 2008 empezaba un año que llevaría al América al subcampeonato en julio y, posteriormente, a bordar la decimotercera estrella en su escudo cuando ya se oían más villancicos que arengas. Un año de buen fútbol, de un equipo para el que era difícil perder (hoy es muy difícil ganar y eso que los rivales son de menor envergadura) y del despunte de futuros jugadores de selección: Armero, Valdés, Ramos.

 

Volviendo a la gélida Bogotá—donde se desarrollaba la Copa promovida por la caja de compensación familiar— de aquella noche del 23 de enero del 2008, es claro que los vagos recuerdos le han ganado otra batalla al olvido: Las pruebas audiovisuales, respaldo posmoderno en tiempos en que las enciclopedias sirven para balancear catres, confirman que el penalti ejecutado por el hijo de Villa Rica, Cauca, merece una oda, como menos. Un penalti a lo Panenka (picándola, que dirían hoy en día), con el aliciente de ser el único cobro desde los doce metros que, disparado con esta técnica, da un bote antes de entrar. Incluso si la pelota alcanzó los treinta centímetros ya estamos hablando de una epopeya balompédica. A escasos tres palmos de la raya de gol, con San Agustín (adscrito a los anales de la hagiografía gracias a su actuación ejemplar contra Bolivia, en el Hernando Siles de la Paz, durante la tarde del 17 de octubre del 2007) vencido sobre el palo derecho, el balón toca el suelo y se introduce manso y noble al fondo de la portería sur. El resultado: América, que perdía el partido hasta el minuto 88, pasa a la final del denominado campeonato internacional.

 

Picarla a lo Panenka

 

No es recomendable perder el tiempo viendo el infumable resumen de siete minutos y cincuenta segundos. Baste con ver a partir del minuto 7:43, momento en que el ahora delantero del Borussia Dortmund hace de las suyas.

Picándola a lo Panenka por Adriancho Ramos

 

A manera de Bonus Track no dejen de observar el despliegue circense del lateral izquierdo del América registrado en el 5:41.

Algunos creerán que son movimientos de joven epiléptico. Por el contrario, es toda una marca registrada de quien tuvo la gallardía de romper la sequía colombiana en los mundiales tras el gol de Leider Preciado en 1998.

Juan Pablo Pablo.

 
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Al Agua Patos


AL AGUA PATOS

Al Agua Patos


AL AGUA PATOS

 

·
DE VUELTA A LA ACCIÓN
·

Bien podría tratarse de la consigan en un set de rodaje cinematográfico, de la recuperación de un hombre intervenido quirúrgicamente para mejorar su desempeño sexual o del regreso de David Ferreira al América de Cali para formar una dupla casi centenaria con Neider Morantes. Sin embargo, de lo que se trata aquí es del retorno de El Piscinazo. 

 


No importa que la Liga española esté prácticamente sentenciada, que Guardiola haya anunciado su paso al Manchester City o que el PSG sea el campeón de Francia con una distancia grotesca sobre el segundo. Las sorpresas en el fútbol van más allá del Leicester, pues ya ven que Lavezzi y Jackson Martínez han renunciado implícitamente a sus respectivas selecciones al aceptar jugar en la aún ignota liga china. Bien podrían haber peleado por jugar otro mundial. Pero qué es un mundial con sus cuatro o cinco partidos como mucho frente a lo placeres mundanos que da el contante y sonante. Las casas, los carros, los viajes de ocio, los gustos y las compras pueden más que una camiseta representativa de valores tan etéreos e imprecisos como el patriotismo o la heroicidad posmoderna.

 

Las historias imperecederas tendrán la relevancia que sólo otorga la Historia y no la fugacidad propia de las noticias, sobre todo, en tiempos de una vertiginosidad informativa que ni el Barcelona en los contraataques (como cambia el mundo: hasta hace un par de años la referencia hubiese sido las cabalgatas de los jugadores del Real Madrid a cargo de J.M). Gestos, acciones, detalles, miradas, declaraciones, abrazos y besos, como quiere o no quiere Cristiano, lo que trasciende en la cancha y muchas veces se recuerda más que los goles y los resultados.

 

Barra Brava en Acción

 

Vuelve el Piscinazo con sus objetivos claros para el 2016: quién le hizo la falta al Piojo Acuña, a quién quería derribar Harrison Henao, cuántos guayos lanzará Arda Turán, cuándo dejará de gesticular Cristiano Ronaldo, cómo terminara el affaire de Ranieri con los puestos de Champions y cuánto se demorará Dayro Moreno en volver a Pananeas para celebrar su inminente regreso a la Selección.

 

La profundidad del fútbol, espacio sacro de El Piscinazo, esconde los misterios que solo un balón y miles de personas, ya no 22, perseguimos a diario. ¡Splash!

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Los Mortales


QUE SE ABURRAN
LOS MORTALES

Los Mortales


QUE SE ABURRAN
LOS MORTALES

 

Los narradores y comentaristas de fútbol gozan de un particular privilegio: invitar a la audiencia a que los deje de oír, si se trata de una emisora radial, o que dejen de ver el partido, en el caso de que se trate de una transmisión televisiva.


Es frecuente—más en lo tiempos de fútbol rácano y mezquino que reinan, incluso, en equipos donde "el poderío" está en la parte delantera— escuchar a los citados periodistas decir que el partido es malo, soso, lento, enredado, falto de ritmo, sin ocasiones de gol, sin sorpresa, insípido y aburrido. Sin embargo, el público continúa ahí. Nadie cambia de frecuencia ni de canal. Aunque el juego sea tedioso, aunque no rematen a puerta en los noventa minutos, aunque el empate les sirva a los dos equipos, la gente no se va. Por el contrario, asiente ante las afirmaciones del mal juego, si es que no lo ha hecho antes que los comentaristas, momento en el cual saca pecho frente a sus amigos o familiares con un altisonante "se los dije". 


Hay quienes, gracias al poder que ostentan—que no es el de tener el control remoto del televisor o ser el dueño del radio—, pueden rebelarse contra la soporífera dosis balompédica. Las federaciones de fútbol de todo el mundo, aupadas por la FIFA, han proclamado su independencia del gobierno de cada uno de sus países. Hasta hace poco, cuando, como es habitual, Estados Unidos se puso al frente de la situación, la impunidad reinaba por los pasillos de la FIFA amparados en su autonomía con respecto a las instituciones gubernamentales. No obstante, como dirían los padres de familia ante las sublevaciones de la infancia y la adolescencia, donde manda capitán, o en este caso general, no manda marinero. 


Para el militar golpista Mohamed Ould Abdel Aziz, quien participó en el golpe de estado en Mauritania en el 2005, y ahora ejerce como presidente democrático de esta nación africana(?), el fútbol está lejos de ser una cuestión relevante. Ni siquiera, como diría Jorge Valdano o Arrigo Sachi (según el meme), representa "lo más importante de los menos importante". Ya imagina uno su reacción cuando le dijeron que debía presidir, desde un palco con no pocas comodidades, la atractiva e imperdible final de la Supercopa de su país entre el mítico FC Tevragh Zeine y el no menos popular ACS Kar. Para un hombre como él, acostumbrado a la acción y, sobre todo, a la intervención, el juego cansino de los dos citados equipos de renombre internacional le debió parecer un sufrimiento insoportable. Habrá pensado, momentos antes de tomar la decisión, a eso del minuto 60, que una hora de fútbol era más que suficiente. Acusando aburrimiento, al no tener a quien derrocar de ningún cargo, ordenó suspender el partido, obviar el resto del segundo tiempo y definir por penaltis la Supercopa.

 
 

 

Su decisión, ¿quién es el valiente que la pone en duda?, fue transmitida al árbitro del compromiso y acatada sin atisbo alguno de desacato. Ante el asombro del público, que no por ello en contra del dictamen presidencial, el FC Tevragh Zeine se alzó con el título en disputa entre los vigentes campeones de la Liga y Copa de Mauritania. No se descarta que para la próxima edición de la Supercopa, si es que la hay, el resultado sea determinado por un cara y sello que hará el propio Abdel Aziz. 

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Don A


DON
A

Don A


DON
A

 

· EL DON DE JUGAR
BIEN AL FÚTBOL ·

Para evitarle el esfuerzo mental al autor del Quijote , el lugar de la Mancha es Fuentealbilla. Menos de dos mil habitantes y desconocido incluso para los españoles de no ser por un personaje al que todo el mundo se refiere con el tratamiento de don. El mismo que se ganó, una vez más—pues no se cansa de ganar—, una estruendosa ovación al abandonar el terreno del máximo rival deportivo del club para el que juega.


A su ritmo y con la somnolencia con que parece divertirse fue él quien determinó dónde y cuándo debía jugarse cada balón del partido. Salió de capitán a un Clásico—en mayúsculas para no perder la instaurada tradición periodística—por primera vez en su carrera y ejerció como tal a cada instante. Verbigracia de liderazgo. 

 

Ordenó la defensa designando a un lugarteniente con el número cinco a la espalda que no se cansa de jugar sin errores. Cuando fue necesario darles el ejemplo no dudo en ir al suelo, barrerse con pulcritud y robarle el balón al contrario. A la hora de atacar, cuando los de arriba se escoraban para proteger la salida lateral, era el primero en presionar a los centrales rivales e, incluso, al dubitativo portero local. Se multiplicaba en las dos áreas. Con eso hubiese suficiente de no ser porque gobernó a sus anchas todo el mediocampo. Amo y señor de la Mancha y el Bernabéu. Con un soberbio manejo de los tiempos distribuyó para un lado y para el otro, puso la pausa y las pastillitas para dormir de sus amigos de Estopa, aceleró cuando vio el espacio y el cansancio rival, presionó y se mantuvo alerta. No le falto nada. 

 

Al término del primer tiempo, cuando ya merecía el balón de oro por esos 45 minutos, con el partido liquidado gracias a la demostración innegable de superioridad del equipo visitante, Don A podía haberse dedicado perfectamente a pastar a sus anchas por la explanada madrileña, donde la presión defensiva también reinó, pero por su ausencia.

 

Faltaba el último toque de elegancia y mando: desde la mitad—siempre desde ahí—lideró, ¿cuándo no?, la construcción de lo que los refinados cronistas con tendencias decimonónicas llamarían poesía hecha fútbol. Recordando, no sin transmitir algo de melancolía, al Barcelona del toque de primera y falta de problemas para jugar llegó su gol, el gol de la noche. Todo perfecto, todo porque lo construyó él y lo concluyó él. 

 
 

Por más fuerte que sonaron los aislados pitos y silbidos no pudieron ocultar la verdad, manifestada a través de miles de aplausos, a la que se rindieron tributo los aficionados conocedores del extinto señorío deportivo característico de la historia del equipo local: Iniesta demostró porque se le llama siempre Don Andrés.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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A La Deriva


A LA DERIVA

A La Deriva


A LA DERIVA

 

El señorío del Real Madrid—del que se jactan todos sus seguidores aun sin saber qué representa realmente—se empezó a esfumar el día en que Raúl empacó sus maletas rumbo al medio oriente. Su entierro—acelerado por el desgaste al que condujo un errante portugués canoso—se consumo con la marcha de Casillas al Oporto. 


En la otra orilla—aunque allí sí que hay playa—, la elegancia y la deportividad del mejor Barcelona de la historia  se ha visto condenada al ostracismo con la ida de Guardiola (cansado de ganarlo todo), el retiro de Carles Puyol (aquejado por una serie interminable de lesiones a las que combatió con estoicismo hasta el cansancio emocional) y la partida de Xavi, siguiendo los pasos del torero González Blanco, a tierra de extraña grafía para la concepción occidental.

 

Estamos a expensas de Ronaldos y Piqués, de tatuajes y estridencias, de fiestas y mujeres, de escándalos a la francesa y carnavales imprudentes. Los disfrazados en Getafe, así como los divos para los que su mayor preocupación es encontrar la mejor peluquería de la capital española, están lejos, muy lejos, de los verdaderos referentes y ejemplos de no hace mucho. 

Ramos e Iniesta, últimos estandartes de un generación que le enseñó al mundo mucho más que fútbol. Fueron los mejores, lo sabían, y lo demostraron  siempre con la caballerosidad propia de futbolistas de otro tiempo. Ahí están los videos, las grandes rivalidades seguidas de los abrazos y una amistad fuera del terreno de juego que hoy, en un par de plantillas plagas de estrellas de farándula, son impensables.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Romper Micrófonos


ROMPER LOS MICRÓFONOS

Romper Micrófonos


ROMPER LOS MICRÓFONOS

 

Los unplugged o desconectados, que en mala hora puso de moda la cadena norteamericana MTV, fueron el regreso al estado natural de las cosas: nada de artificios, solo la voz cantante y el sonido sin amplificaciones de los instrumentos. De lado quedó la estridencia de los parlantes que, en muchos casos, sobre todo en los conciertos, llevan a que la melodía se pierda entre el barullo de notas graves y agudas absolutamente inaudibles. 


Lo hecho en estos desconectados a los que no sobra decir que acudieron las grandes estrellas una vez vieron la posibilidad de ventas — fue el paréntesis necesario, la pausa adecuada, que tanto frenesí y desenfreno musical necesitaba. Es claro que se trata de espontáneas grabaciones y no de la generalidad, pues bien se sabe que al rescate de las deficiencias profesionales aparece sin más el ordenador. Pero aunque se tratara de un breve inciso explicativo — donde se dejara de manifiesto la necesidad de darse espacio y tiempo ante la avalancha de una contemporaneidad que exige la perfección — sentó un precedente. 

Ese mismo precedente del que ahora está sediento el fútbol. Hoy todo hay que contarlo en voz alta para que se entere el mundo. No basta con demostrarle al público, gracias a los resultados dentro del terreno de juego, que uno puede llegar a ser, eventualmente, el mejor técnico del planeta, sino que hay que decir claro y fuerte en una entrevista al término de un partido. Los jugadores quieren lucir y piensan en la celebración del próximo gol más que en las labores tácticas que les han sido impartidas; su mayor dolor de cabeza es qué tipo de figura creerán para representarla con las manos y dedicarle la anotación a un conocido, sin que el resto de los espectadores entiendan, pero aun así repliquen su gesto cuando jueguen en el barrio. 

 
 

Hay que ser buenos y que el mundo se entere. Ya no vale la actitud de los jugadores de blanco y negro — los que forjaron el camino para las estrellas de telenovela de hoy en día — , en donde después de marcar salían hacia el medio del campo para reiniciar el juego. ¿Celebrar? Porque si el partido no había terminado y además era un entretenimiento más en la vida. No se está pidiendo que los futbolistas deban darse la mano fría y distantemente (como hace el aún muy joven goleador Thomas Müller) tras su gol. Tampoco la cuestión da para tirarse al suelo, revolcarse, quitarse la camiseta y subirse al alambrado como un desposeído de toda cordura. Con algo de radicalismo lo retrató el excéntrico Mario Balotelli quien, luego de ser cuestionado por sus ascéticas celebraciones, le respondió a la periodista: " No celebro mis goles porque es mi trabajo. Cuando un cartero entrega una carta, ¿acaso lo celebra? ".

Hasta hace muy poco la visibilidad de los futbolistas — y su deseo por se reconocidos — se limitaba a cuanto podían hacer en la cancha. Ahora, con las facilidades mediáticas "de un tiempo que nos cambió" los jugadores están con nosotros todo el tiempo, gritandonos al oído su hazañas, sus opiniones, mostrando y luciendo, impartiendo clases de moda, promocionando productos y dándole buscando darle importancia a lo meramente interesante. Las redes sociales son su micrófono y altoparlante por excelencia. Sin ellas se sienten tan vacíos como cuando hacen un gol, no saben como celebrarlo y solo les resta abrazar a los compañeros. Sin embargo, esto solo puede ser un pesadilla, pues de antemano tienen preparado el siguiente festejo, con el que huirán del grupo, correrán con el poco aire que les queda, buscaran que les siga las cámaras y quedarán tranquilos: ya millones de personas sabrán quién soy;

¿El resultado? Eso no importa.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Uno Para Todos


TODOS PARA UNO
Y UNO PARA TODOS

Uno Para Todos


TODOS PARA UNO
Y UNO PARA TODOS

 

Para un público sediento de polémicas, riñas e inconsciencia viven Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Su presencia dentro y (cada vez más) fuera del campo es relevante para que las ventas— lo único que verdaderamente importa en el fútbol— suban y suban sin temor a la persecución por usura, para que las personas se agolpen en los bares, discutan sin argumentos y se liberen de las presiones del hogar y el trabajo.


Aunque suene increíble, y muchos de los seguidores de los dominadores recientes del Balón de Oro no terminen por entenderlo, Cristiano y Messi también viven, deportivamente, para sus compañeros de equipo y gracias a ellos. «Un pour tous, tous pour un», como escribió Alejandro Dumas antes de poner las piernas sobre la mesa, recostado en un confortable sillón de cuero y con un tabaco en la boca, e imaginar a los soldados franceses a las órdenes de Luis Felipe I proclamar al unísono su célebre frase. 

 

La arenga que luego tomarían dos instituciones tan dispares como el estado suizo y el equipo japonés de rugby se ha usado desde el siglo XIX como una defensa férrea de la importancia de los talentos individuales para el trabajo en grupo y de la necesidad de tener un buen equipo para potencializar las habilidades personales. Mejor dicho, el leitmotiv de todo motivador de pueblo, conferencista barato o manual estándar de comunicación interna.

 

La ausencia de Messi, y las incontables lesiones del Barcelona, han obligado al equipo de Luis Enrique a reinventarse a partir de su fama y la calidad restante. Pese a contar con jugadores de innegable talento, estos últimos partidos han demostrado la dependencia que ha desarrollado el onceno catalán hacia la capacidad resolutiva del futbolista rosarino. Los juegos desde la lesión del argentino han sido un solo sufrimiento: 2-1 contra las Palmas, colista de la Liga; 2-1 contra el Leverkusen, a través de una sufrida remontada; derrota con el Sevilla; y, de nuevo, partido aciago por Champions contra BATE Borisov de Bielorrusia. 

 

La pieza que falta y la única ficha.

 

En la otra orilla, Cristiano vive relegado a la estepa desértica de la zona ofensiva madridista. Con las lesiones de Bale, Benzema y James, al portugués no le queda más remedio que contentarse con sus cabalgatas solitarias, bicicletas superfluas y compañeros que no le dan la talla. Su descontento, evidente a cada jugada, es más diciente si se ve la cantidad de goles anotados por el Real Madrid en los últimos partidos frente a rivales que, salvo el Atlético de Madrid y el PSG, no son propiamente de la élite europea: desde mediados de septiembre han jugado siete juegos en los que solamente en un par pudieron anotar más de dos goles.  

 

Desde el jardín y el kínder nos enseñan a compartir, a trabajar en grupo, a emplearnos para el todo. Más adelante, cuando entendemos el carácter social del hombre nos explican la imposibilidad de vivir absolutamente aislados. Y, ahora más que nunca, cuando ya no importa cuántos años se tenga, las redes sociales nos recuerdan que no somos nadie si no estamos rodeados, si no vivimos para los demás.

 

Messi y Cristiano, el Barcelona y el Real Madrid, cada a uno a su manera, son víctimas de su propio invento: están muertos en vida si no recomponen la figura eterna que reside en Los Tres Mosqueteros: «Un pour tous, tous pour un».

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Risa


RISA

Risa


RISA

 

La afonogelia es la palabra exacta que el diccionario emplea para definir a las personas que no pueden, de ninguna manera, reír. Una descripción que está  lejos, muy lejos, de los risueños futbolistas (casi siempre delanteros, portugueses, de Madeira y del Real Madrid) que se empeñan en sonreír. Sonreír, eso sí, de una manera sarcástica. 


Empeñados en denotar su irónico gesto ante las cámaras de televisión— por las que viven y se desviven, en detrimento de la naturalidad—critican, con amplia sonrisa las decisiones arbitrales que les perjudican.Esa sonrisa impostada viene acompañada de un leve manoteo— no vaya asee que parezca grosero—, el desdeñoso gesto de darle la espalda al juez y negar constantemente con la cabeza la resolución que no le favorece. 

En las páginas a blanco y negro de los periódicos deportivos anteriores a los años noventa  quedan las reseñas de los futbolistas que le plantaban cara al árbitro. "De aquí no te vas hasta que me expliques qué has pitado", parecían decir con aquel gesto espartano de hombría, en donde la ira se salía de sus ojos, no cedían un centímetro e, incluso, se atrevían, ya no digamos a manotear, sino a intimidar al de negro (porque así y sólo así se vestían) con las palabras que de niños los hubiese llevado directamente a lavarse la boca con jabón.

 
 

Ahora no, ahora son las risas irónicas las que pretenden minimizar la decisión arbitral. Niegan, pese a toda la evidencia televisiva que está a la mano, lo que para el público es evidente: su culpabilidad. Culpables de la infracción al reglamento y culpables del uso y el abuso del sarcasmo.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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FutbolBarbado


FÚTBOL BARBADO

FutbolBarbado


FÚTBOL BARBADO

 

Aunque podría tratarse de los jugadores con aspiración espartana, que han reemplazado al metro sexual con pelos de tres días en la cara, el fútbol barbado es un homenaje al delirio comercial con el que los ingleses dominan el fútbol de invierno. No se entiende cómo en estos años de consumo indiscriminado y multimillonarios ingresos televisivos una liga como la española se haya demorado tanto tiempo en respetar el tiempo de fin de año como un descanso para los jugadores. 


Ya era de extrañar que Villar y compañía no hubieran reparado en que el entretenimiento de final de año necesitaba mayor oferta que las historias de sobremesa de los tíos y los gritos de los niños. La gente, cansada de no hacer nada y de cumplir con las obligaciones familiares de reuniones forzadas, babeaba con la idea de un partido lejano y descafeinado entre el Hull City y el increíble Swansea de los españoles. Llegado el momento, bendito para quienes dominan el control remoto, maldito para las reservaciones millonarias en el Caribe y Oceanía de las estrellas de fútbol, habrá Liga BBVA en instantes en que se piensa más en las uvas de fin de año.

 
Casi para el debut de Arda en Barcelona

Casi para el debut de Arda en Barcelona

 

Entrarán millones de euros, no faltarán las sorpresas en el campo de juego a la sazón de la entendible falta de concentración de los futbolistas, los periódicos deportivos tendrán de qué escribir sin recurrir a los "sonoros" traspasos que nunca serán y los abuelos podrán dormir frente al televisor algo diferente a la recopilación de lo mejor del año que expira.

Pusieron fútbol todos los días de la semana en detrimento del sacro domingo balompédico, vendieron el lugar de las finales al mejor postor asiático, regalaron la historia de las camisetas al marketing deportivo. Era imposible que la familia resistiera el flujo de los millones de euros que, si bien las grandes estrellas perciben y saben despilfarrar, suelen quedarse, en su mayoría, en manos de los mismos personajes de camisa de seda y corbata de un solo color.

 

Juan Pablo Pablo.

 
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Hacer Las Américas


HACER LAS AMÉRICAS

Hacer Las Américas


HACER LAS AMÉRICAS

 

Entrada en desuso, como diría la RAE a la hora de decir que la usan cuatro pendejos, la expresión "hacer las Américas", más allá de las connotaciones literarias que tiene desde el Siglo de Oro, lleva un mensaje claro: Ir al otro lado del mundo a buscar plata, pues aquí de eso no hay. Conocedor de la expresión— que no quiere decir que sea un pendejo, sino todo lo contrario— André-Pierre Gignac no tuvo problema en tomar el primer avión de Francia a México. 


Atrás queda la temporada 2014-2015 en la que marcó 21 goles con el revolucionario Olympique de Marsella. Detrás de él quedaron Zlatan Ibrahimovic y Edison Cavani. Ninguno pudo superar la doble decena de anotaciones de la que puede estar orgulloso Gignac. Pero qué es la Ligue 1, al lado de los lingotes de oro que suenan desde el otro lado del Atlántico. No importó ser el goleador del equipo de Bielsa, ni la garantía en el frente de ataque para una temporada con presencia en la Europa League. 

Rompió el mercado, como se dice habitualmente y suele suceder más de una vez cada verano, y dejó en veremos la economía del Tigres de Monterrey. Aseguró que el calor de la gente y la posibilidad de jugar semifinales— y ahora la final — de la Copa Libertadores eran su principal aliciente para dejar Marsella. El puerto francés le extrañará, no tanto como el departamento comercial del onceno mexicano el día en que diga que su sueño siempre había sido jugar en Asia. El hambre de gloria, de la que se habla poéticamente, tiene un precio; de eso no hay duda para Gignac.

 
 

Puede que no sea el gran goleador durante la presente temporada, quizá su equipo no logré el título continental, de pronto se lesiona y se dedica a oír rancheras. Es incierto cuanto pueda aportar en la Liga Mexicana. Sin embargo, su sentido de la practicidad, acompañado de una calculadora con números gigantes no miente: el negocio es redondo. Hacer las Américas nunca fue tan sencillo como cuando se trató de patear un balón. Lo de trabajar lo dejaremos para otro día. 

 

Juan Pablo Pablo.

 
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No pidan fútbol


NO PIDAN FÚTBOL

No pidan fútbol


NO PIDAN FÚTBOL

 

Ajenos (o no) a las especulaciones que rondaban la previa del partido, luego de que la Conmebol reafirmara su apetito comercial en detrimento del juego limpio, Brasil tiró de la renta. Una vez más, como ya es habitual, desempolvó el peso de la camiseta y los últimos vestigios de su historia futbolística para imponerse, sin ser superior, a una Venezuela con deseos de demostrarle al continente que está lejos de ser la cenicienta que una vez fue.


 
 

Sin Neymar, Dunga no tuvo más remedio que recurrir a las bicicletas oxidadas de Robinho, el último estandarte de la selección campeona del 2007, consciente de las limitaciones de quien antaño fue considerado el futuro de Brasil y uno de los referentes de una selección dedicada a la bebida y la fiesta.

A sabiendas de que el empate le favorecía, pero que la crítica le agobiaba, dejarse llevar por las suposiciones no era un escenario que Dunga proyectara en la antesala del partido. La pentacampeona del mundo salía a la cancha para demostrar que, más allá del golpe anímico y deportivo que supone la suspensión de Neymar, Brasil es más que su estrella y su historia. Ni lo uno, ni lo otro.

 
 

Sin embargo, poco o nada le importa a su director técnico. Enamorado de los números— como dirán muchos que debe ser—, el resultado va por encima del ayer y del mañana. Si se necesitaba ganar, no pidan goleadas que un tanto de diferencia es suficiente; si querían ver magia, ahí les pongo a un artista (?) en decadencia; si querían ver a Brasil ganando el grupo y en cuartos de final, no pidan espectáculo y aténganse a la evidencia empírica.

A Dunga no le hablen del cómo, ni le pregunten por qué. Con quien ya dirigió a la selección brasileña entre julio de 2006 y el mismo mes del 2010 hay que hablar exclusivamente del qué. ¿Quieren ser campeones? Aténganse a las consecuencias, puede que no les guste del todo.

Juan Pablo Pablo.

 
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Encontrarse Un Billete


ENCONTRARSE

UN BILLETE

Encontrarse Un Billete


ENCONTRARSE

UN BILLETE

 

Jugar partido a partido (léase Cholo Simeone) uno de los torneos de selecciones más cortos que existe es entendible. Sin embargo, dadas las condiciones futbolísticas del continente, y con el antecedente de la edición anterior en la que Perú y Venezuela avanzaron hasta semifinales, decir que el objetivo de un país se limita a pasar de ronda es mediocre e injustificado. A todos les falta tiempo, todas las selecciones hay que renovarlas, las lesiones son un lugar común y el destino, que no sabe de culpas y es ciego, puede jugarle una mala pasada a cualquiera.


Hace poco menos de un mes, Ricardo Gareca anunció que el objetivo de Perú sería pasar de ronda. Listo. Como quien va al casino, apuesta en todos los números de la ruleta salvo el cero y dice que el objetivo es ganar algo. ¿Cómo puede salir a decir que el objetivo es pasar de ronda cuando pasan ocho de doce selecciones y en un grupo de cuatro pueden pasar tres? 

 
Más difícil salir que entrar?

Más difícil salir que entrar?

 

Para reafirmarse en su declaración, Gareca fue más allá y nos mostró lo que pocos desean ver en el fútbol: la realidad. El primer partido contra Brasil — donde se acepta generalmente cualquier cosa porque es Brasil — salió a presionar un rato, por divertimento, para luego refugiarse en su propio terreno y defender un inesperado 1-1. Resultado: un minuto de desconcentración y todo por la borda

Para jugar contra Venezuela, Gareca se reafirmó en la idea de no tener idea. Salió como quien sale a la calle en busca de que la suerte le sonría y se encuentre el billete que le faltaba para completar lo del mercado. Al ver el partido de Venezuela contra Colombia, Gareca se habrá dado cuenta de la fortaleza y el orden de la vinotinto. Dejó entonces la parte propositiva a los venezolanos, que de aquellos tampoco saben mucho, por lo que el partido se dirigía inexorablemente a un sopor de 90 minutos en la mitad de la cancha.

 
 

Pero apareció. Ahí estaba a la espera de ser recogido. A la entrada de la casa. No tuvo que pasar mucho tiempo. Los peruanos se encontraron su lotería en una expulsión tempranera. La cuestión fue entonces de paciencia. Paciencia para saber qué comprar con ese billete, pero sabiendo que la compra se iba a hacer al fin. La Venezuela de un solo punta se convirtió en la Venezuela del llanero solitario. Un llanero solitario, Rondón, con mucho talento pero sin compañía. 

 

Pasaron los minutos, Perú demostró su dificultad para proponer, quedó clara la dependencia en sus dos delanteros— que ya vivieron sus mejores épocas y hoy son más nombres que otra cosa—, pero llegó el gol. Uno solo, porque pedir dos era utópico. 

 

Un gol que da tres puntos y acerca la clasificación a cuartos de final. Gareca ve cada vez más cerca el objetivo. Aguarda paciente a encontrarse otro billete, mientras prepara en una mano, por si acaso, el casete de los lugares comunes para defenderse del fracaso.

 

Juan Pablo Pablo.